BALONCESTO
23 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.A pesar de la coincidencia, no es el presidente del Leche Río ni el maltrecho base del Real Madrid, sino el fisioterapeuta del Yaya María Breogán. Si con alguien se le pudiese comparar a Raúl López sería con un alero sereno y triplista. El actual fisio del Yaya tiene un amplio pasado como jugador. Se formó en la cantera del Clesa Ferrol, donde llegó a debutar en ACB compartiendo equipo con algunos nombres ya míticos como Lavodrama, Aller, Aldrey o el más conocido por tierras lucenses Ruano. «Estuve tres años, dos como júnior y uno como sénior, pero era muy joven y apenas jugué», se sincera este coruñés de treinta años que ahora chupa banquillo junto a las García, Sánchez y Pollini. En el ocaso de su etapa como baloncestista en el Celso Míguez de Pontevedra, López dio prioridad a sus estudios. «Sólo duré tres meses, pues quería terminar la carrera de fisioterapia y no iba bien, por eso decidí retirarme», señala ahora desde el otro lado de la barrera, en el banquillo del Yaya. «La verdad es que tuve mucha suerte, siempre me encantó el baloncesto y ahora me surgió la oportunidad de seguir en este mundo y no lo dudé dos veces», confiesa López, que se incorporó al cuerpo médico del Yaya gracias al convenio que tiene firmado el club celeste con la clínica lucense J. R. Meilán, a la que también pertenece el fisio del Breogán, Míchel. Eso sí, en el Sondeos llegó a su clímax deportivo. «Allí pasé seis años seguidos, entre la EBA y LEB; son tantos recuerdos...», apunta el alero retirado, que ahora sufre desde la distancia los éxitos y fracasos de su ex-equipo. «Se sufre más que en la pista porque no se puede ayudar al equipo», afirma