Un autogol de Larrainzar abrió el camino al triunfo de los blancos El Real Madrid se enfrentará al Dépor en la final de la Copa, el 6 de marzo, en su estadio, el día de su centenario. El equipo de Del Bosque, en un segundo tiempo sensacional, goleó al Athletic por 3-0, resultado que pudo ser aún más abultado.
31 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.El conjunto vasco intentó hacer valer el 2-1 de la ida y salió goleado. El Madrid es un justo finalista en un partido intenso, vibrante, aunque con más pasión que brillantez. Sin embargo, el choque tuvo dos partes muy diferentes. En la primera mitad, el equipo local no pudo con el juego de contención del Athletic, ordenado, contundente y eficaz, sin dejar un hueco a los madridistas, que no sabían por dónde penetrar. Pero en la segunda parte, dos errores defensivos de Aranzubia se tradujeron en sendos goles blancos. El primero, marcado en propia puerta por Larrainzar. El Madrid respiró hondo a partir de entonces, soltó tensión y presión, comenzó a jugar como lo sabe hacer con el resultado a favor, mientras el Athletic se perdía en la desesperación. El planteamiento que hizo Heynckes del partido demostró que había estudiado muy bien al rival. Colocó una defensa de cinco hombres, con tres centrales, que no dejó ni un espacio a los delanteros madridistas; en el centro del campo Carlos García, habitual defensa también, no dejó ni a sol ni a sombra a Zidane. De esta forma, el Athletic renunció al ataque, sin nadie por la banda derecha, con Ezquerro por la izquierda y Urzaiz sólo adelante, mientras Etxeberria calentaba banquillo. Todo parecía perfecto para los bilbainos, hasta que llegaron los goles. El Athletic apenas se aproximó al área madridista. Pero le daba lo mismo. Su misión, con el resultado de ida a favor, era contener, parar y destruir el juego del rival, con presión agobiante, anticipándose, no dejando huecos si por las bandas ni por el centro. El equipo de Heynckes complicó enormemente la función atacante de los madridistas. Aunque recurriese con frecuencia a las faltas. Porque el dominio fue casi absoluto y total del Madrid en el primer periodo. Por el empuje y garra de los blancos y porque los rojiblancos cedían terreno para juntar líneas y así favorecer su labor defensiva. No dejaron huecos por donde penetrar. Figo lo intentó por la derecha y por la izquierda, con mucha voluntad, pero sus centros no acertaron a rematarlos Morientes y Helguera durante la primera parte. Ni el de Sonseca ni Raúl disponían de un metro cuadrado libre para moverse. Zidane, más luchador que de costumbre, estuvo hoy oscuro, opaco. Roberto Carlos apenas profundizó porque le tapaba Felipe la banda. Helguera y Makelele no se adelantaron para sorprender desde lejos. Si a todos estos problemas se une que el Madrid no estaba fino, que se le escapaban balones tontos, que las ideas no sobraban, es fácil comprender lo cuesta arriba que se le puso el partido. El dominio blanco no se traducía en ocasiones, porque el Real Madrid no lograba imponer su ritmo de juego. Nada más comenzar el segundo tiempo cambió por completo el partido, desde el momento en el que Larrainzar marca en propia puerta a saque de esquina de Figo en el que Aranzubia no estuvo acertado. Todo el trabajo defensivo bilbaíno se vino abajo. La eliminatoria se puso a favor del Madrid. El Athletic tiene que salir de la cueva, atacar que es lo que peor sabe hacer. Sobre todo cuando otro fallo de Aranzubia, que se quedó a media salida, propicia que Raúl marque de cabeza a placer. Es el momento en el que Heynckes quita un defensa, Oscar Vales, y coloca a Etxeberria en el terreno de juego. El partido se abre y se vuelve auténticamente copero. Los leones sacan su garra y echan atrás al Madrid. Carlos García, Urzaiz y Etxeberria ponen a prueba a Casillas. Es ahora el equipo de Del Bosque el que prodiga el contragolpe. En uno, llevado por Roberto Carlos con pase a Guti permitió a este cruzar hasta el fondo de la red de Aranzubia. A partir de entonces, el Athletic, a la desesperada, se perdió y la goleada pudo ser de escándalo.