La Copa se viene a Galicia

DEPORTES

El Deportivo culminó una obra maestra en el centenario blanco Sergio encontró en el Bernabéu la estela del gol que Alfredo Santaelena dejó detrás hace siete años. Por esa senda se coló también Diego Tristán y, con él, la obra maestra que el Deportivo dejó de regalo en Chamartín, donde hurtó al Madrid una Copa del Rey en su campo el día de su centenario. Y, además, jugando mejor que él.

06 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Lo tenían todo preparado para que en La Cibeles manase el cava. Pero el Dépor, sin hacer ruido, llegó por detrás para soplar las cien velas de la tarta con un fútbol de campanillas. Sergio metió de lleno al Dépor en la final cuando mandó al desguace a Fernando Hierro Hierro, que maquilla los antes para que parezcan todavías. Desde aquel quiebro, el central se planchó la personalidad y la guardó en el cajón para todo el partido, mientras la de Mauro y Sergio crecía con potencia en el centro del campo. A su amparo, todo el equipo se plantó en el Santiago Bernabéu con lo que hay que tener para llevarse un partido en este escenario. Arriba, Valerón y Diego Tristán levantaban al público con sus conexiones. Fran, de sombrero en sombrero, y el equipo entero, con la garra suficiente para no amilanarse en una primera parte memorable. El repliegue de la segunda se justifica por el empuje de un gran rival, la dificultad de la empresa y la eficacia del resultado. Sin Valerón, el Dépor renunció a la creatividad a cambio de un muro de contención que cumplió su misión, con un Duscher sensacional y un Mauro Silva convertido ya en el mejor hombre del partido. Hubo agobios al final, como es lógico, pero habría sido injustísimo el empate después de que Valerón mandase un balón al palo y de que Sergio se dejase un gol en el tintero ante César. Pero La Rianxeira ya era un hecho. Con Donato y Manuel Pablo dando botes de felicidad en la grada, el Deportivo robó el pastel ante la mirada atónita de los de casa, que tendrán que esperar otro siglo para celebrar el cumple a este nivel. Con el partido volteado, el Cumpleaños feliz lo cantó con retranca esa porción de Riazor que se dejó la garganta en Chamartín.