BALONCESTO / NBA
17 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Vuelven los Celtics, la marea verde, el equipo con más títulos de la NBA -16- presenta un balance positivo, algo que no se producía desde 1993. Su última presencia en los play off se remonta ya a la temporada 94-95. El retiro de los integrantes de la plantilla que rivalizó con los Lakers durante la década de los ochenta dejó en la absoluta orfandad a la franquicia con más prestigio de la NBA. En apenas un lustro, todo se fue abajo. Tras la retirada de Larry Bird (1992) empezó la dolorosa travesía del desierto que parece a punto de acabar. También desapareció el mítico Boston Garden, cuyo parquet fue subastado por trocitos. ¿Qué ha cambiado para que el equipo con el sexto peor balance del último lustro persiga ahora ahora el liderato del Este? En primer lugar, Rick Pitino ya no entrena a los Celtis; el atildado técnico, triunfador en Kentucky, llegó a Boston en 1997; se embolsó unos mil millones de pesetas (6,01 millones de euros) por temporada y rejuveneció la plantilla, pero sus miembros jugaban -y eran tratados- como universitarios. A mitad de la campaña pasada, fue sustituido por su ayudante, Jim O''Brian. O''Brian ha apelado al talento de jugadores con un brillante pasado universitario y ha mantenido la intensidad defensiva que imponía Pitino, pero, sobre todo, ha liberado de presión a su plantilla y ha confiado en el dúo exterior más letal de la NBA: Antoine Walker (25 años) y Pierce (24) promedian entre ambos 49 puntos por partido. Poco importa la escasez de kilos y de centímetros -el ucraniano Potapenko es la referencia válida- cuando todos los miembros del quinteto titular lanzan triples, corren el contraataque y ayudan bajo los aros. Otro acierto: los Celtics sacaron petróleo del último plazo de fichajes, al incorporar a Tony Delk, un extraoridinario tirador, y a Rodney Rogers, el mejor sexto jugador de la Liga. Con menos alharacas que el glamuroso Pitino, el mérito de O''Brian es indudable. Con él, los Celtics han recuperado el orgullo de antaño. Incluso el otrora individualista Kenny Anderson, a sus 32 años, se ha transformado en un base constructor.