París ya tiene Costa

JOSÉ MARÍA GUIMARAENS, enviado especial PARÍS

DEPORTES

El tenista catalán se hizo con el quinto Roland Garros para el tenis español Albert Costa, el gran desconocido para el público, se ha convertido en el quinto hombre español en conquistar Roland Garros, un repóker de ganadores que sin duda es la envidia del circuito.

09 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Superó en la finalísima a Juan Carlos Ferrero por 6/1, 6/0, 4/6 y 6/2 en dos horas y media. Mientras el de Onteniente permanecía como en otro mundo, Costa disfrutó de la victoria. Tras vencer, gracias a una doble falta de su rival (la quinta que cometió), se dejó caer de espaldas sobre la cancha. Poco después, recuperada su posición normal, se abrazó con Ferrero. Y no tardó mucho en subir al palco para abrazar a sus familiares más directos, incluso a sus hijas gemelas, Alma y Claudia, de un año y dos meses. El choque fue presenciado por el Príncipe de Asturias y la ministra de Cultura y Deportes. Costa compone el repóquer de campeones españoles en París. Su nombre se une en el historial del torneo a los de Manolo Santana (1961 y 1964), Andrés Gimeno (1972), Sergi Bruguera (1993 y 1994) y Carlos Moyá (1998). Por su victoria recibió un cheque de 780.000 euros (129,78 millones de pesetas). La Copa de los Mosqueteros que distingue al campeón le fue entregada por Guillermo Vilas, que hace 25 años se adjudicó el título. El jugador nacido en Lérida, que fue subcampeón júnior en París en 1993, ha logrado la más alta recompensa para un profesional sobre pista de tierra batida. Costa fue por momentos demoledor ante un Ferrero que se vio impotente para contrarrestar el vendaval que se le vino encima. Costa ha sido como un «ventilador», en opinión del propio Ferrero, creador de los mil y un golpes cargados de dinamita. Superioridad El partido tuvo dos tiempos. Una primera mitad de tan sólo seis minutos. Con empate a un juego y 30/0 para Costa, la lluvia obligó a una interrupción de 19 minutos. A la vuelta, la fortaleza de Costa quedó claramente patente. Ese duelo entre hispanos (la tercera final tras las protagonizadas por Bruguera y Berasategui y por Moyá y Corretja) no pasará a la historia como ejemplo de lo que es un duelo decisivo en un Grand Slam. Durante los dos primeros sets Costa no pudo jugar mejor, ni Ferrero peor. El ilerdense llegó a encadenar hasta once juegos seguidos. Su rival se incomodó en algún que otro instante. Incluso le soltó un raquetazo a la bolsa de la indumentaria. Prueba de que no estaba centrado fue que al inicio del tercer set se despistó al ir al campo adecuado. En ese tercer período pudo romper en el quinto, pero dejó escapar la ocasión. Fue a partir de entonces cuando Ferrero reaccionó hasta coronar la manga por 6/4. Costa logró la ruptura en el tercer juego, Ferrero hizo break en el sexto y en el siguiente de nuevo el de Onteniente le arrebató el saque a su oponente. Con 5/3 llegó el octavo juego. Ferrero salvó una primera bola de partido, pero en la segunda incurrió en una doble falta y entregó la victoria al jugador catalán. Si un tenista ha merecido ganar, ése fue Costa. Ferrero no estuvo, ni por asomo, a su altura habitual.