El medio centro del Oviedo recrea su etapa en Primera Regional en Narón, cuando realizó el servicio militar. «Nunca disfruté tanto. Ya no me divierto así», asegura.
19 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.El cabo de la promoción del 85 del Tercio Norte apunta ahora al equipo de Ferrol. Con los galones que otorgan catorce partidos como internacional, una Supercopa y el subcampeonato de la Recopa de Europa, Vicente Engonga custodia ahora el Carlos Tartiere del Oviedo. Su trayectoria se cruzará el sábado con la del Racing. El futbolista cántabro, de padre de Guinea Ecuatorial, alternó hace tres lustros lecciones con el Cetme y tardes con O Val en lodazales de Regional. «Nunca disfruté tanto, al igual que en el Mahonés, cuando tampoco era profesional. Ahora ya no me divierto así», recordó ayer en Radio Voz Ferrol, entrevistado por Miguel Lameiro. «Jugó con nosotros en la Liga 85/86 en Primera Regional. Como persona era un fenómeno, y en el campo le sobraba con jugar al diez por cien», recuerda Manuel Castro Calvo, directivo de O Val. «Guardo los mejores recuerdos -corrobora Engonga, de 36 años-. Llegué a Ferrol a los 19 para hacer la mili. Pude ir al Racing o al Endesa, pero no me apetecía estar pendiente de entrenar a diario y hacer viajes largos en la antigua Tercera División. En el cuartel de la compañía, un señor llamado Antonio se enteró de que era futbolista y me invitó un día a entrenar. Fui, me quedé e hice amigos para toda la vida, porque me trataron como un hijo más del pueblo, dentro de un equipo que era como una familia». O Val se quedó con el recuerdo de un futbolista ilustre y cien mil pesetas de derechos de formación cuando fichó por el Valladolid. La relación continúa. «Hablo con Moisés (Corral, el secretario), con los dos Manel, con Mon... Me acuerdo de casi todos los ex compañeros», explica Engonga. A otro de aquellos humildes jugadores, Toñito Castro, ahora en el San Mateo «le llamaba Platini; ¡él, que jugaba con los ojos cerrados!», recuerda un directivo del club valexo. «Siempre tiene detalles», insiste Calvo. «Hace un par de años no pudo venir a las bodas de plata del club, pero llamó por teléfono desde Lisboa y nos envió una camiseta firmada». «Sé que el campo se llenó y me dolió no estar», corrobora.