Dos goles de Makaay dan a los coruñeses su victoria cuatrocientos en Primera. Fran, de nuevo en la mediapunta, desmuestra ser el mejor recambio de Valerón
26 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Nada mejor que zurrarle al gafe para recuperar la autoestima. El Dépor le sacudió en Vallecas a una de sus bestias más negras de los últimos tiempos para pavimentar el bache de juego en que estaba sumido y conseguir su victoria 400 en Primera. El equipo recuperó solidez defensiva, y lo que es más importante, parte de su fortaleza mental. No es que todos los problemas se hayan solucionado de golpe y porrazo, pero es alentador ver al equipo luchar y fajarse como lo hizo anoche. El Deportivo planteó un partido muy similar al de Lens. Dominio casi absoluto, con control y posesión del balón, aunque sin morder demasiado al Rayo. Pero Vallecas es una trampa mortal hasta para los de casa. Es tan pequeño el campo que cualquier error es terreno abonado para un delantero. Y cuando el regalito se lo dejan a un tipo listo que además está en racha, caso de Makaay, el gol se canta antes del disparo. El segundo del holandés es una maravilla de colocación y visión de la jugada. Roy es letal cuando levanta la cabeza y observa la situación del portero. El tercero, legal, se lo anuló un auténtico paquete llamado Javier Moreno. Pero no hay que perder de vista que el primer tanto es un fallo clamoroso de Corino que permite al Dépor adelantarse en el marcador. Hasta entonces sólo se había visto un duelo táctico y algo desangelado. Bien controlado por los coruñeses, pero sin romper líneas rivales. Con todo, Fran sigue siendo la mejor alternativa para la mediapunta en ausencia de Valerón. Tal vez no tenga la habilidad del canario en los últimos metros, pero sabe aguantar la pelota mientras el equipo se despliega, y el Dépor es con él un conjunto más sólido. Los goles salieron de sus botas. El equipo debe empezar a aprovechar cuanto antes a algunos jugadores. Y no es sólo el caso de Roy Makaay. Mauro Silva lleva dos partidos a gran nivel. Ayer, excepcional. También Capdevila, que obligó a Mario a sacar el manual de artes marciales para frenarlo. Pero el Dépor resolvió sólo a medias algunos errores. Con el 1-0 recoge velas y se mete atrás, demasiado atrás. Concede espacios al Rayo Vallecano y se somete al acoso de un rival que gana metros con el paso de los minutos. En esa situación pesa psicológicamente la historia más reciente, y llegan los nervios y las dudas, con despejes absurdos y sin destinatario que no hacen sino conceder más posesión de balón al contrario. Y un equipo con las aspiraciones del blanquiazul no debe perder los papeles por mucho que Onopko acaricie con los codos a quienes bien pudieron ser sus compañeros esta temporada.