Los jugadores y el técnico de la entidad blanca hace tiempo que intentan maquillar con sus declaraciones sus decepcionantes actuaciones en el terreno de juego
31 oct 2002 . Actualizado a las 06:00 h.El Real Madrid parece seguir un guión de Woody Allen. O, al menos, la filmografía. La temporada comenzó con un Ronaldo al que le cantaban Todos dicen I love you , con la promesa de que la tendría Un final made in Hollywood . Después llegó Sombras y niebla y ahora se encuentra en una fase que podría titularse Acordes y desacuerdos . Pero, digan lo que digan, no diga crisis, por favor. La cosa prometía ya en julio, al menos verbalmente, algo que no es noticia en Jorge Valdano. «Ahora el Madrid está en unas condiciones inmejorables, sólo hay algunos huecos que nos gustaría ocupar para quedarnos más tranquilos», afirmaba eufórico. Y eso que, por entonces, todavía no había fichado a Ronaldo. Porque Valdano se refería a que había espacio para un nuevo central, aunque ahora lo niegue y jure que Hierro y Helguera son defensas de élite. Eso sí, después de los encuentros ante el Santander y el AEK, tuvo que admitir que estaba ante la «primera crisis tolerable». Una expresión digna de Oriente Medio. Hasta el suplente habitual Albert Celadas salió a la palestra para entonar un mea culpa y un canto a la humildad: «Hay que ser realistas, ni somos tan súper equipo como decían hace dos semanas, ni tan malos como se nos quiere poner ahora. Hemos tenidos dos resultados adversos y ya está». ¿Asunto zanjado? No. Pasó el Villarreal, y el titular que quedó fue «ya no ganan ni en casa». Míchel, otro de los afectados por las críticas hacia la defensa madridista, afirmó que su equipo no había cometido ninguno de los pecados que le achacaban: soberbia y pereza. Hasta acusó a otros de cierta envidia. Craso error. Ayer Hierro recordó que ellos son el Real Madrid y no deben mirar a nadie. Zidane tampoco quiso hablar de culpabilidades, ni de crisis, la palabra maldita y señaló que el equipo pasaba por «un mal momento» y bromeó con el gafe de la camiseta negra. Y tenía que añadirse al carrusel Ronaldo. Era inevitable, dado que el brasileño parece el protagonista de un Gran Hermano en la casa blanca . «No jugamos bien, pero no es para tanto», declaró entre palo y palo... de golf, que en las discotecas no puedes recuperarte, pero sí en el green , que ya lo dijo Hitzfeld. No juegan, ni ganan. No importa. «El vestuario no vive de resultados como hace mucha gente», afirmó Roberto Carlos. Uno de los grandes argumentos de los merengues es el «ya hablaremos en junio». Que, significa algo así como «al final caerá la Champions». Una apuesta resultadista sorprendente en un conjunto al que el espectáculo se le supone. Pero no venció ni con el equipo cinco estrellas, o de los cinco magníficos, que acabó transformado en el de los cinco lobitos ante el Roma. Ya dijo un entrenador que tener a muchos Baggios en el mismo equipo es peligroso. Menos mal que Hierro tranquiliza a todos: «No se va a acabar el mundo».