Lo de Makaay puede batir lo sucedido el verano pasado con la historia de Onopko, al que los medios situaron en el Deportivo durante 30 días seguidos y, al final, el ruso terminó aterrizando en el Rayo Vallecano. El holandés, por el cual se dice que ayer recibió el presidente deportivista una oferta procedente de Inglaterra, sigue en su casa de Holanda, mirando para el teléfono, de vez en cuando, pendiente de la llamada que le anuncie el acuerdo entre el Deportivo y el Bayern, pacto que él tanto desea, según confesó públicamente. De no recibir la llamada, el holandés errante (lo de errante es porque hoy en día aún no conoce su destino) se dispondrá mañana a preparar la maleta y presentarse el domingo en el campo de Riazor, escenario de tantos triunfos del equipo con el que alcanzó parte de los goles que le valieron a Makaay para ser proclamado Bota de Oro de la temporada. Lo de parte de los goles lo digo porque este jugador también consiguió muchos y muy importantes fuera de casa. De Makaay y de la lluvia hablaba ayer todo el mundo; los seguidores deportivistas agobian preguntando la última novedad, pero no hay (última) pues las informaciones llegan vía Alemania, dado que el club coruñés guarda silencio.