Qatar sacará a Iván de la Peña

Pablo Gómez Cundíns
Pablo Gómez REDACCIÓN

DEPORTES

El «pequeño Buda» nunca llegó a crecer y ahora probará fortuna en el Golfo Pérsico, como epílogo de una carrera que comenzó con demasiadas esperanzas y terminó prematuramente.

09 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

«A muchos entrenadores no les gusta mi estilo». A pesar de su juventud, Iván de la Peña (Santander, 1976) habla como un futbolista prejubilado. De hecho, su última decisión apunta hacia esa línea y mañana mismo puede certificar un acuerdo para jugar en el Golfo Pérsico, a modo de retiro dorado de estrella decadente. El Qatar le permitirá aumentar su cuenta corriente y, de paso, sacarse la pena que parece eclipsar su carrera desde su salida del Barcelona, en el año 2001. En realidad, las palabras del cántabro no son en vano. Uno de sus técnicos en el club azulgrana, Louis Van Gaal, lo definió con dureza: «Iván hace levantar al público de sus asientos una o dos veces, pero a mí me hace saltar diez del banquillo». Buenos mimbres De la Peña se ha quedado en una promesa sin cumplir, una deuda impagada. Desde sus inicios se destapó como un centrocampista organizador con una excelente visión de juego, que movía el balón con rapidez y que disponía de un pase preciso para las asistencias de gol. El disparo a puerta y el lanzamiento de faltas eran los aderezos a lo que se aventuraba como un futbolista excepcional. Siendo todavía un niño, las categorías inferiores de la selección española y del propio Barcelona (que lo fichó cuando comenzaba a despuntar en Santander) le pusieron en manos de Johan Cruyff. El holandés le dio la oportunidad de brillar en el primer equipo azulgrana, junto a Ronaldo, Guardiola, Sergi y Figo. De la Peña abanderó a una quinta de jugadores de la que también formaban parte Óscar, Roger y Celades. La afición recibió el mensaje y arropó a Lo Pelat cuando las cosas no fueron bien para el santanderino. Su carga simbólica era tal que se convirtió en un arma arrojadiza contra el entrenador de turno. Incluso se le aplaudía más por la intención de sus proyectos de jugada que por lo que realmente aportaba al equipo. Precisamente, ese es el argumento de mayor peso de sus detractores. El propio Cruyff abrió la veda al acusarle de «falta de espíritu colectivo» y de comparar su pierna izquierda con la del masajista culé. Después de ello, no contó mucho para el holandés. Pero tampoco para Robson, Van Gaal, Rexach, Serra Ferrer y Eriksson. Sólo Clemente apostó por él para el Espanyol. Al eterno rival llegó de rebote, tras ser traspasado al Lazio en 1998, que no se fió demasiado de Iván y lo cedió una temporada al Olympique de Marsella (donde tampoco jugó) y al propio Barcelona. Gaspart lo utilizó como fichaje mediático tras la marcha de Figo, la lesión de Guardiola y la presencia de Xavi en los Juego Olímpicos de Sídney 2000. Italia, un calvario Pasó por Italia con más pena que gloria, y acusó al Calcio de enviar al manicomio a los futbolistas amantes del balón, como él. Los problemas económicos del club romano terminaron por ahogar la carrera de Iván de la Peña. Su cotización ha descendido de tal modo que, después de no llegar a un acuerdo con el Espanyol, sus opciones pasaban por el Murcia o el Glasgow Rangers escocés. Finalmente, el jugador que creció al lado de Raúl y que tanto pedían a su lado Rivaldo y Ronaldo se irá a Oriente Medio para probar fortuna en un campeonato donde el único verde que importa es el de los billetes. Allí compartirá vestuario con el argentino Claudio Caniggia y se verá con Fernando Hierro y Pep Guardiola.