España está a un paso de su cuarta final de Copa Davis tras la disputa de la primera jornada de la semifinal ante Argentina. Ferrero y Moyá pusieron el 2-0. En Andalucía suelen apelar al mal fario cuando las cosas no van bien. A partrir de ahora, quizá se les sumen los argentinos. La mala fortuna se cebó a fondo con Argentina. Primero, con las lesiones de Coria y Nalbandián. Después, ayer, con los problemas físicos de Zabaleta y el desmoronamiento de Gaudio. España abrió brecha. Juan Carlos Ferrero, como cabía esperar, hizo honor a su condición de líder mundial y se impuso a Gaston Gaudio (32), con el que había perdido en cinco de los nueve partidos disputados. El de Onteniente ganó en dos horas y dos minutos por 6/4, 6/0, 6/0. Por su parte, Carlos Moyá (6 del mundo) sacó provecho de los calambres sufridos por Mariano Zabaleta (24) al que superó por 5/7, 2/6, 6/2, 6/0 y 6/1. Hoy (12.30 horas, La 2) se jugará el doble: Corretja y Costa contra Calleri y Arnold. Juan Carlos Ferrero tuvo un arranque cargado de nerviosismo e incluso reconoció estar un pelín fallón durante los cuatro primeros juegos. Gaudio llegó a despegarse con ventaja de 3/1 y 40/15. Servía él. Estaba en vena de aciertos y a partir de esa situación se produjo su cambio radical. Entró en barrena. Ya no fue el mismo. Quedó a merced de un Ferrero cada vez más repuesto de sus desajustes en la apertura. El valenciano necesitó 64 para hacerse con la primera mangas. A partir de ahí, Ferrero humilló a un Gaudio. Encadenó errores en cantidades industriales. El español, por contra, subió el tono de su irresistible juego. A Gaudio le traicionó el saque como nunca. Sirvió once veces y perdió diez el servicio. Peor, imposible. La superioridad de Ferrero quedó patentizada en el segundo y tercer sets, en los que aplicó a su desmoralizado rival un par de roscos. Su dominio fue tan rotundo, que su adversario llegó a perder catorce juegos seguidos. Ferrero culminó su legítima victoria con una volea de derecha. En cuanto a Carlos Moyá, parece que vino a verle un hada milagrosa; jugó mal durante los dos primeros sets, totalmente dominado por un Mariano Zabaleta empeñado en no conceder tregua con su juego tenaz. El argentino tuvo dos sets a favor. Tenía allanado el camino. El revés de Moyá fallaba como una mala escopeta de feria. Zabaleta se situó con un marcador favorable de 7/5, 6/2. En el tercero empezaron sus desdichas. Fue en el quinto juego. Quiso llegar a una dejada de Moyá y al conectar la pelota, en posición forzada, notó un calambre en la pierna izquierda. Fue el punto de partida hacia su irrefutable derrota. Zabaleta quedó roto por completo. Llegó a temerse su abandono. El hombre, sin embargo, aún a riesgo de agravar su problema, mantuvo el tipo, pero acabó hundido.