LeBron acepta ser Jordan

José M. Fernández REDACCIÓN

DEPORTES

02 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

El niño madura en un mundo de grandes. La NBA no andaba desencaminada cuando pensaba en LeBron James como el más claro sucesor de Michael Jordan. Al joven fenómeno de 18 años le bastó con un solo partido para confirmar todos los elogios que llovían sobre él cuando militaba todavía en el colegio St. Vincent-St. Mary de Akron (Ohio). En su debut, en el ARCO Arena de Sacramento, James anotó 25 puntos, capturó 6 rebotes y repartió 9 asistencias. Es decir, 204 centímetros y 110 kilos de jugador completo, una mezcla de la capacidad anotadora de Jordan y de la genialidad de Magic Johnson. Al día siguiente, en Phoenix, volvió a brillar: 21 puntos, 12 rebotes y 8 asistencias. Y al tercero, en Portland, descansó: 8 puntos y 6 rebotes. Mejoría sí, pero milagros no. Cleveland Cavaliers perdió los tres encuentros, en la línea del peor equipo de la temporada pasada, cuando sólo ganó 17 partidos y perdió 65. En realidad, gracias a ese pobre balance la capital de Ohio puede disfrutar del número uno del último draft; un prodigio que a los 16 años aceptaba las invitaciones de Jordan cuando éste preparaba su vuelta a las canchas, o que consiguió que las televisiones de pago, volvieran, quince años después, a ofrecer partidos de baloncesto colegial. Sin temor al vértigo Nadie, ni el mismísimo Kevin Garnett -el jugador mejor pagado del mundo- dio el salto del colegio a la NBA con tan fulgurante éxito. Garnett, en su debut, se quedó en diez puntos; LeBron James sólo necesitó un cuarto para sumar 12 ante los Kings. Tampoco Tracy McGrady o Kobe Bryant, otra pareja de estrellas que nunca pisó una universidad, estuvieron en su estreno a la altura de la estrella de los Cavaliers. «Jugué bien, pero no lo suficiente bien», aceptó LeBron tras la primera derrota. Su equipo acababa de perder en la cancha de los potentes Kings, y el nuevo mesías del baloncesto norteamericano aceptaba que en la NBA lo único que sirve es el triunfo. Eso sí, acaparó los elogios de la crítica y la admiración de sus rivales. Rick Adelman, técnico de los Kings de Sacramento, no escatimó los piropos: «Tiene mucho talento. Quizá ha realizado algunos tiros precipitados, pero conoce el juego, sabe llevar el balón al suelo y es muy creativo». Adelman también se refirió a los doce primeros minutos de LeBron: «Durante el primer cuarto, sencillamente, me ha impresionado». En la misma línea de su entrenador, el veterano Vlado Divac situó directamente a LeBron a la altura de Kobe Bryant: «Está a su mismo nivel. Estoy realmente sorprendido por lo que he visto. Y sólo tiene 18 años...». Tras el segundo encuentro, en Phoenix, Frank Johnson, entrenador de los Suns, decía que el numero uno del último draft «es un jugador especial, capaz de brillar por sí mismo y, además, de hacer mejores a todos los que tiene a su alrededor». Darius Miles, compañero de LeBron en Cleveland y un jugador que pese a sus tres temporadas en la NBA ha sufrido en carne propia el complicado paso del colegio al profesionalismo sin pasar por la universidad, fue bastante más contundente: «Me quito el sombrero ante lo que he visto». Quizá por eso, las avispadas casas comerciales que rastrean el mundo del deporte mantuvieron la pugna más dura que se recuerda por hacerse con los servicios del que consideran un filón de oro. Finalmente, Nike consiguió la firma de LeBron James. A cambio, eso sí, de más de 90 millones de euros.