«El fútbol es como el amor; si lo das todo te acaba recompensando»

Pablo Gómez Cundíns
Pablo Gómez REDACCIÓN

DEPORTES

El Dépor le proporcionó un nombre en España y el Valencia títulos de Liga. Su etapa en Tenerife sólo le brindó una nostalgia del pasado que lo llevó a la retirada

02 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Como no podía ser de otra forma, Miroslav Djukic (Stitar Sabac, Yugoslavia, 1966) habla como un veterano desde sus 368 apariciones en Primera División, más dos temporadas en Segunda, por no hablar de sus comienzos en Yugoslavia. Había perdido la ilusión, dice, y por eso deja el fútbol. O, por lo menos, lo aparca. Piensa seguir en el banquillo. Y al decirlo, es cuando su voz vuelve a transmitir ilusión. -Pues no. El fútbol nunca ha sido un peso para mí, sino todo lo contrario. Ha sido una satisfacción y un gusto. He intentado disfrutar de cada momento y lo he conseguido. Estoy contento con lo que hice y con lo que logré. -¿Imaginaba así su retirada? -Uno nunca piensa cómo va a terminar. Es una decisión que vas tomando según se suceden los acontecimientos. Al principio vine a Segunda para tener otra experiencia, conocerla y disfrutar, pero luego ya te encuentras con que la Segunda no tiene nada que ver con la Primera. Y después de estar en lo más alto, ya no eres capaz de motivarte tanto. -¿Y el retiro dorado en Oriente Medio, de moda? -Yo siempre suelo ir con mi familia y sería una situación complicada para ellos. Tengo dos hijos, uno de catorce años y otro de doce. Mi carrera va para abajo, pero su vida va para arriba. Y no puedo hipotecar su vida por la mía. -¿Regresará a Valencia? -Me instalaré allá, porque quiero iniciarme como entrenador. Obtuve el título regional en A Coruña y ahora quiero acabar el nacional. -Se va a aburrir. -No creo. Es otro modo de vivir el fútbol. Quiero ver hasta dónde puedo llegar como entrenador. -Pues con que iguale lo que hizo como jugador... -Llegué al Dépor en Segunda, ascendí y seguí creciendo junto al equipo. A Valencia llegué más maduro. El fútbol ha cambiado mucho desde mis inicios. Y pensar que todo el mundo se sabía de memoria que los extranjeros del Dépor eran tres: Mauro Silva, Bebeto y Djukic. A pesar de la Ley Bosman, yo me mantuve ahí. -¿Se siente querido por la gente de A Coruña? -Mucho. En todos los rincones de la ciudad siento el cariño de la gente. Estoy muy orgulloso de haber jugado en el Dépor. Pasé cosas muy buenas y alguna difícil y gracias a la gente superé estas situaciones complicadas. -¿Visita a menudo la ciudad? -Pues no, porque cuando tenía vacaciones me iba a ver a la familia, pero ahora tendré más tiempo para hacerlo. Que nadie se olvide que tengo un hijo coruñés. -¿Mantiene contacto con ex compañeros suyos en el Deportivo? -Con Mauro Silva, Donato... -Pongámonos en el caso de que el Dépor le pide consejo para fichar un defensa, ¿qué central le recomienda? -Con César, Andrade, Amo y Naybet está bien cubierto el puesto. Y si el Dépor necesita otro defensa central, que vuelva Donato... que lleva un año descansando. -¿Cuál fue el mejor momento de su carrera? -Hubo tantos que elegir alguno es imposible. Me quedo con los títulos que gané con el Deportivo y con el Valencia. -Y hubo dramatismo. -El penalti, por ejemplo. Pero nunca pensé que el fútbol me ha tratado mal. El fútbol es como el amor; si lo das todo, te acaba recompensando. Este deporte me ha tratado con justicia. -No me diga que el partido contra el Valencia no le ha marcado. -La grandeza de uno se ve en los momentos difíciles, cuando hay que saber recomponerse y levantarse. Yo he respondido en esos momentos, gracias, en parte, al respaldo de la gente. -Siempre se acaba hablando del penalti con usted. -Forma parte de mi pasado y no me esconderé de él. Siempre busco un lado positivo y todo depende de cómo se mira. En aquel momento pensé: «He fallado un penalti que pudo haber supuesto el primer título del Dépor», pero estar allí también es difícil. Lo mismo sucedió en las dos finales de la Champions. -Como buen zaguero, no se inventará un esquema con cinco defensas... -Bueno, iremos a jugar con cuatro, pero Arsenio ya demostró que con cinco también se puede jugar muy bien.