Delantero por accidente

Pablo Gómez Cundíns
Pablo Gómez REDACCIÓN

DEPORTES

Quería ser todo menos futbolista, pero la tradición familiar y una colisión de tráfico que sufrió su hermana orientaron la vida del mejor atacante de la historia del Villarreal en Primera División

07 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Era el tapado y ahora es el futbolista de moda en la Liga. Su apodo (la Bruja) se ha quedado en el olvido, pero su apellido es el más repetido a estas alturas. El uruguayo del Villarreal Diego Forlán (Montevideo, 1979) es el único que le planta cara a Eto'o, cuya racha goleadora parecía encaminada de forma irremediable hacia el pichichi. A falta de dieciséis jornadas y con sólo dos tantos de ventaja sobre el charrúa, la cosa no está tan clara. Sus catorce dianas (las mismas que suman los dos máximos anotadores del Deportivo en la Liga) le sitúan como el mejor delantero de la historia del Villarreal en Primera. Al equipo levantino no le salió mal la apuesta. Tres millones de euros (eso sí, pagados al contado al Manchester) hicieron que el charrúa se mudase a El Madrigal por cinco años. Y en el primero se ha situado a la altura de los candidatos a la Bota de Oro (en Inglaterra Henry lleva 21 tantos y en Italia, Montella marcó 18). La suplencia en Inglaterra no impidió que el apellido Forlán sonase en España. Deportivo y Barcelona (Champions 2002-2003 y 2003-2004, respectivamente) lo sufrieron en sus redes, el Celta suspiró por él tras la marcha de Mido y al Atlético se lo intentó colar el United como moneda (más cuarenta millones de euros) en un intento de hacerse con Torres. El del Villarreal triunfa como un delantero potente, que llega bien en carrera, que sabe desmarcarse hacia las bandas y chuta de primeras (cree que a los porteros se les escapan muchos balones) con las dos piernas (su padre le sometía a eternas sesiones de disparo con la zurda, con el consiguiente enfado del pequeño Diego). Sus detractores le acusan de fallar demasiado y de abusar de la fuerza en perjuicio de la colocación. Sin embargo, su éxito como delantero es fruto de una obstinada lucha contra el destino. Fue tenista de nivel nacional hasta edad juvenil e incluso prefirió la natación y el esquí acuático antes que el fútbol. Pero un accidente de tráfico postró a su hermana en una silla de ruedas y el deseo de ayudarla inclinó la balanza hacia el balompié. El fútbol no era nada nuevo para este hijo de guipuzcoana. Su abuelo Juan Carlos Corazzo (mediocentro) fue uno de los primeros profesionales en los años 30. Del Sud América uruguayo saltó al Racing de Avellaneda argentino y de allí, a Independiente. Como entrenador, fue seleccionador e hizo internacional a su hijo Pablo, padre del ariete del Villarreal y ex jugador del Independiente, Sâo Paulo, Cruzeiro y Peñarol (con el que ganó una Intercontinental al Real Madrid en 1966). Sus ídolos, guardametas Con esos mimbres, el pequeño Diego hizo el mejor cesto. Abandonó sus sueños de portero (quería ser Pfaff o Schumacher) y probó como punta en el Peñarol, pero el club manya lo descartó. Pasó por Danubio y acabó al otro lado del Río de la Plata. Menotti le hizo debutar en Independiente. El ex céltico Turdó era titular, pero Forlán se destapó en el sudamericano sub 20 que ganó Duscher y el Manchester se lo arrebató al Middlesbrough cuando sólo faltaba firmar el contrato. Lo mismo hizo el Villarreal cuando el Levante ya contaba con el uruguayo. Pellegrini (con el que mantiene sonoras broncas en los partidillos) lo quiso a pesar de que no puede jugar competiciones europeas de amarillo por haber disputado la previa de esta Champions con el Manchester, donde anotó 23 goles antes de la llegada de Rooney y Alan Smith, detonante de su marcha. No tuvo problemas de adaptación (tampoco en España), pues a sus estudios de informática, ciencias políticas, historia del arte, sociología y psicología sumó los de inglés en el colegio británico de Montevideo. Es embajador de UNICEF en Uruguay (relevando a Francescoli) y dirige una escuela de fútbol en su país. Pero su aportación al fútbol patrio no es total. Con su selección marcó siete veces en 24 partidos, jugó un Mundial y una Copa América, pero hace cuatro meses pidió no volver a ser llamado tras denunciar favoritismos en las convocatorias de Fossatti.