El triunfo de la constancia

Daniel Roldán MADRID

DEPORTES

Aficionada a la pintura, acaba de firmar su mejor temporada después de sobrevivir durante tres lustros en un deporte dominado por nórdicos y centroeuropeos

14 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Pese a que miles de aficionados llenan las decenas de pistas de esquí españolas durante los fines de semana invernalesy a que las estaciones se reparten por toda la geografía, el equipo nacional sólo tiene dos esquiadoras: una es Carolina Ruiz; la otra, María José Rienda, la única española que ha sobrevivido durante 16 años a la dura exigencia de un deporte dominado por austriacas, italianas, suizas y nórdicas. Escuela municipal Ahora, la única esperanza blanca sonríe, como lo hacía de pequeña cuando en Sierra Nevada observaba a los amantes del esquí bajar por las pistas. Sus padres, porteros de un bloque de apartamentos en la estación granadina, cumplieron los deseos de su pequeña María José y la inscribieron en las escuelas municipales para que practicara el esquí. En 1985 debutaba en una competición y 10 años más tarde lograba sus primeros puntos en la Copa del Mundo. Fue en la estación austriaca de Haus im Ennstal. Rienda terminó vigésima, mientras comenzaba a acaparar títulos nacionales. Pero sus logros en la alta competición nacional no eran suficientes. Su poder era absoluto y los trofeos caseros se quedaban cortos. Quería dar un salto de calidad a la Copa del Mundo, pero la situación de la FEDI, sin infraestructuras ni dinero, no permitía dar ese paso fundamental para su carrera. Así, Rienda deambuló por las pistas, «currándomelo yo misma»>, como reconocía al comienzo de la temporada. Su primer podio lo consiguió la campaña pasada, después de 15 años intentando despuntar en tan reñido mundo. Lo hizo en Maribor (Eslovenia) en el gigante , su prueba favorita. Repitió puesto en Soelden (Austria), aunque su gran logro llegó al acabar la temporada. El 22 de febrero de 2004 subió hasta la segunda posición en Are (Suecia). La granadina pasa más de nueve meses fuera de casa, acompañada por su entrenador (Mauro Pini) y su fisioterapeuta. Además, comenzó a trabajar hace dos años con un psicólogo, que ha conseguido fortalecerla mentalmente para que confíe en sus posibilidades. Si el año pasado logró varios podios porque supo arriesgar, esta temporada ha sido la de la confirmación. En la mítica pista helvética de Saint Moritz fue tercera, puesto que repitió en Soelden. El fin de temporada ha sido otra vez meteórico, triunfando en Are, y en Lenzerheide (Suiza) el pasado domingo. Ahora, Rienda se irá de vacaciones a un lugar cálido, aparcando los esquíes hasta mediados de junio. Entonces tomará otra vez los trastos y se marchará a Chile, para preparar la Copa del Mundo y los Juegos de Turín. Otra gran diferencia con austriacas o suizas, que sólo tienen que salir de casa para esquiar en los glaciales de los Alpes. No obstante, Rienda no se resigna a ser una comparsa, aunque no es nada optimista con el futuro. No hay gente que venga por detrás. Aunque reconoce la dureza de este deporte, se siente reconfortada cada vez que sale a encarar una prueba, consciente de que está luchando por la mejor causa, pues a fin de cuentas se considera nacida para brillar en esta disciplina que exige un sacrificio constante.