La falta de gol y Megía privan al Dépor de un triunfo justo

Alfonso Andrade Lago
Alfonso Andrade A CORUÑA

DEPORTES

El árbitro no concedió un gol legal marcado por Arizmendi

21 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

Un funesto arbitraje de Megía, sí. Mala suerte, tal vez. Un gol de Arizmendi que debió subir al marcador y que el asistente se tragó, de acuerdo, pero la realidad es que, colegiado aparte, el Deportivo volvió a pagar muy cara su falta de definición al dejar su casillero a cero. Es el problema de ir siempre con el agua al cuello en esto del gol y de no materializar un dominio aplastante en un buen partido. El de ayer fue el típico encuentro con una jugada determinante. ¿Se acuerdan del famoso gol de Abreu? Aquel legendario locutor que gritaba de la mano de la desesperación: «¡Pero qué hiciste, Abreu...!» mientras el balón se alejaba de la portería. La única diferencia entre el tanto de Abreu y el de Arizmendi es que éste, con la repetición en la mano, debió subir al marcador. Pero, para que hubiese subido, habría bastado con poner el pie, pues es difícil entender que ese balón se fuese al larguero por mal que estuviese el césped, y la jugada deja en evidencia una vez más las dificultades del delantero para marcar los goles más sencillos y los problemas del Dépor para llevar su dominio y buen juego hasta la red, que es de lo que va esto del fútbol. Arizmendi, en cambio, borda lo inverosímil, como demostró en el golazo que marcó en fuera de juego. Pero es difícil para un ariete sobrevivir como depredador del área apelando siempre a la gesta heroica. El deportivista lo tiene casi todo y ayer volvió a ofrecer un recital de las virtudes que deben adornar a cualquier killer que se precie. Es rápido, con una zancada poderosa, fuerte, vertical, ambicioso y tiene uno de los mejores desmarques de la Liga porque es raro verlo en fuera de juego, y sus diagonales, que recuerdan a las de Makaay, abren las defensas y arrastran a los centrales a las bandas. Pero el madrileño tiene un problema, porque un punta sin gol es como un portero sin manos. Al menos de momento, carece de olfato en lo evidente. Eso sí, el día que lo recupere será uno de los mejores arietes de la Liga, dejando en evidencia fútiles intentos de convertirlo en extremo, que es como poner a Taborda de lateral o a Cristian de portero dentro de la actual y absurda moda de reconversión de jugadores. Porque en cuanto Arizmendi serene su definición y agregue el gol a sus muchas cualidades nadie dudará de que se trata de un delantero centro nato, especialmente dotado para partidos como el de ayer. Sí, porque la defensa adelantada del Espanyol en el primer tiempo fue una invitación para los futbolistas más rápidos del Deportivo, que de hecho aprovecharon esos espacios. La pena fue que Cristian y Estoyanoff se perdieron en un exceso de conducción y regate cada vez que recibieron, y que Arizmendi acertó con la portería en un gol fantasma y en otro en fuera de juego. Como siempre que Caparrós ha apostado por este once, el equipo ha jugado bien al fútbol. Aunque sigue siendo un conjunto de contragolpe más que de combinación, supo manejar el partido contra el Espanyol. Dio amplitud a las bandas y ancheó el campo lo suficiente para meter al rival atrás y crearle bastantes ocasiones de gol. Con estos jugadores, el Dépor sigue acreditando solidez, y el rival sólo tuvo una oportunidad clara en todo el duelo.