El campeón tiene cara de póquer

DEPORTES

Kimi Raikkonen se ha mostrado inalterable en las alegrías y en las penas. Ferrari ya quiso ficharlo en el 2001, pero él no aceptó ser segundo de Michael Schumacher

22 oct 2007 . Actualizado a las 03:25 h.

Al menos en la media distancia, Kimi Raikkonen es un pasota. Muchos le tachan de inconformista y por eso explican que ninguno de sus dos subcampeonatos (2004 y 2005) acabaran en título. No se enfada cuando las cosas van mal, no hace aspavientos, no critica ante los micrófonos, si su coche sufre una avería abandona y se va, como si fuese un androide desprovisto de sentimientos. Le llaman el hombre de hielo, pero incluso el hielo se puede derretir mientras que a Kimi nada le conmueve. Los jugadores de póquer envidian su rostro.

Pero este soso nórdico, del que no se distingue cuándo habla en finlandés o en inglés, tiene una sinceridad rural que desencaja el glamur de la fórmula 1, sino léase la respuesta que propinó a una televisión inglesa durante una entrevista en la parrilla de Interlagos en el 2006:

-¿Dónde se encontraba durante la ceremonia de Schumi en Brasil, señor Raikkonen?

-Estaba cagando.

Sustituir a Michael Schumacher en Ferrari lo dice todo de su calidad como piloto. De hecho, la escudería británica lo reclamó en el 2001 para ser segundo de Schumacher, pero Kimi prefirió probar como figura titular en McLaren. Después de ganar la primera carrera de este año en Australia, las cosas se le torcieron con sólo dos terceros puestos en seis grandes premios. Después de la gira americana Raikkonen era cuarto a 26 puntos del líder Hamilton. Como justificación se escribió entonces que el carácter hermético del piloto no casaba con el aperturismo latino de Ferrari, que Kimi no creaba el canal idóneo de comunicación con sus ingenieros para mejorar el monoplaza. Pero nunca se cuestionó que era bastante mejor piloto que su compañero Felipe Massa. Pero Kimi estaba pagando, igual que Fernando Alonso, su adaptación a los neumáticos Bridgestone, un suplicio para los viejos usuarios de Michelin.

Apenas se preocuparon en McLaren cuando el finlandés con zafiros en los ojos ganaba dos carreras consecutivas (Magny-Cours y Silverstone) para, después de no puntuar en la lluvia de Alemania, no volver a bajarse del podio hasta ayer con tres victorias más, tres en las últimas cuatro carreras.

Miremos al pasado. ¿Cómo llega este nórdico de 28 años recién cumplidos a la élite de las cuatro ruedas? La culpa recae en el césped de su casa. Entre él y su hermano lo destrozaban día tras día y sus padres, para alejarlos del jardín, les compraron un kart. Con ocho años, Raikkonen comenzó a ganar los campeonatos domésticos. Llegó luego incluso a coincidir con Fernando Alonso. Las escuderías de fórmula 1 comenzaron a vigilar sus pasos y pronto llegaron los exámenes con Sauber, que no dudó en contratarlo. «No fue sólo cómo pilotaba sino sus ojos, seguridad absoluta, no veía algo así desde Senna», dijo el ingeniero de la escudería suiza, Sergio Rinland. Bastó una carrera para mostrar su valía como piloto, acabando sexto por delante de figuras como Irvine, Panis o Alesi.

Vida nocturna

En lo personal, sus juergas nocturnas forman parte de los tópicos del paddock , aunque él lanza frases como «viví en Inglaterra casi dos años pero en todo ese tiempo sólo salí a una discoteca una vez». Fue siempre un hombre vinculado al deporte. En el Gran Premio de España de este año confesó que había estado muy pendiente de la selección de hockey hielo de su país, un deporte que practicó. «Pero me harté y lo dejé porque había que madrugar mucho para entrenar». ¿Queda ahora claro que es un poco vago?

Actualmente vive en Suiza, como muchos deportistas de élite. «Es muy relajante, no me gustan las grandes ciudades y Suiza es un poco como Finlandia: mucha nieve... y es bueno para los impuestos, claro».

Su película favorita es Scarface, de Al Pacino, y le encanta alimentarse de bistec y pasta. Pero, otra vez con una sinceridad rústica, describe muy bien sus hobbies en Finlandia: «En verano pescar y hacer el amor. Y en invierno... la pesca es bastante mala».