Coloccini se venga de Caparrós

DEPORTES

14 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El buen rollo duró media hora. En los prolegómenos, Manuel Murguía era el botxo. En el calentamiento, nadie se calentó. Con las alineaciones, nadie se pronunció. Pero cuando en el treinta y uno, Fabricio Coloccini cabeceó a la red un centro de Sergio que antes peinaron Lopo y Pablo Amo, el cordobés se puso torero y salió a celebrarlo como nunca. Y se acordó de su ex entrenador Joaquín Caparrós, el que lo mandó a la banda y le prohibía arrimarse al ataque. Así que se fue junto a la cal, a escasos diez metros del banquillo visitante y le dio la espalda. El andaluz lo vio claro, Fabricio Coloccini marcó el uno a cero.

Hasta entonces, Riazor había ignorado el efecto Caparrós. Su regreso no tenía nada del otro mundo. Su preparador físico Javi Reyes, hiperactivo como siempre. Su segundo técnico Luci, el relaciones públicas, visita al banquillo blanquiazul incluida, ignorando a Eduardo Domínguez. Y el entrenador andaluz, el primero no vasco en la historia del Athletic Club, demorándose en salir ante la indiferencia de la grada y los codazos de la treintena de reporteros gráficos que esperaban inmortalizar el momento. Se coló Miguel Ángel Lotina, que hizo de anfitrión y caminó hacia el banco de Caparrós para el apretón de manos oficial. Lopo también tuvo su momento beso.

El guipuzcoano había pedido a su vestuario mesura en el sentimiento de revancha hacia el pasado reciente. Nadie firmó el acuerdo. Así que el partido comenzó tras el manguerazo a los niños de la foto y el abrazo entre Etxeberria y Valerón. El Turu Flores observaba desde el palco, Joan Capdevila desde la grada de Tribuna y mil quinientos bilbaínos, desde la esquina.

Con el balón dando vueltas, Caparrós fue un desconocido. Comedido en sus gestos, un brazo en alto de vez en cuando, indicaciones constantes a Javi Martínez. Alguna palmada al banquillo tras errores puntuales canalizaban la frustración deportiva. Pidió esfuerzo defensivo a Garmendia, David López y Llorente, y a Ocio un poco de deportividad tras un plantillazo de Iraola a Lafita que Daudén no vio. El balón y el maño salieron por la banda y la cosa no fue a mayores. Pero en el 31, Coloccini marcó el suyo, mostró a Caparrós su espalda con el cinco, el mismo número de palmadas que su ex jefe brindó al lugar donde se sentaba. El sevillano se fue al descanso por el fondo de Pabellón y escuchó silbidos desde esa zona.

La segunda mitad comenzó con las clases de los profes Reyes y Domínguez. Seis alumnos en total. Aprobaron al mismo tiempo, Aduriz y Riki. Luci le dio las últimas lecciones al vasco. Lotina se encargó personalmente, pizarra en mano, del de Aranjuez. Riki, al que Caparrós había recetado tila, salió a mil. En su primer balón, casi marca. En el segundo, sufrió un penalti. Marcó Sergio y no hubo dedicatoria. Caparrós hizo gesto de piscinazo y llamó a Muñoz. Esta vez, él mismo orientó al suplente. Por si acaso. El tercero, Cuéllar, solo escuchó a Luci.

Con el dos a cero, el fondo se calentó y soltó en varias ocasiones un «¡Que bote Caparrós!» provocador secundado por el resto de las gradas. Ya en plena faena, Xisco y Lafita fueron adorados, los «olés» adornaron el ambiente y la ola festejó la virtual permanencia en Primera. Filipe marcó el tercero en una contra llevada por Riki, se arrodilló y regresó después a su posición con los brazos en alto. Manuel Pablo tendrá que pagar una mariscada.

A toro pasado, Caparrós sacó el capote en la sala de prensa y agradeció a la afición y a los jugadores deportivistas los buenos momentos que dice le hicieron pasar en A Coruña: «No vamos a entrar en lo de Coloccini, no hay que darle más vueltas. Estoy muy agradecido a la afición y a los futbolistas del Dépor. Todos hicimos un trabajo correcto estos dos años».