En el caso de Javier Clemente, la veteranía no es un grado. Una rápida mirada a su expediente como técnico permite comprobar que la experiencia de los años no se ha traducido en éxitos deportivos. El pasado sábado, su Murcia volvía a perder por octava ocasión en esta temporada. El equipo pimentonero apenas conoce otra zona que los puestos de descenso en la Segunda División, categoría a la que cayó la temporada pasada con Clemente en el banquillo. Samper, el presidente, dijo entonces que el entrenador vasco era el hombre clave para regresar a Primera. Y aún está digiriendo sus palabras. A pesar de que todo pinta mal, Clemente podría tener una nueva oportunidad el próximo fin de semana. Su prestigio y su halo de ex seleccionador aún pesa algo entre tanto fracaso.
Porque precisamente la selección fue su último refugio de relativo éxito. Fueron seis años al frente de la roja, entre 1992 y 1998, donde compaginó victorias morales (contra Italia en cuartos de final del Mundial 1994 o Inglaterra, anfitriona de la Eurocopa del 96), con estrepitosos fiascos como la eliminación en la primera fase del Mundial de Francia 98 o la posterior e inexplicable derrota ante Chipre, que le costó el cargo. Pero la selección marca una línea por la mitad en el currículum de este entrenador histriónico de Baracaldo, más atractivo ante los micrófonos que frente a una pizarra.
Un lado ganador
Así, antes de su etapa con España, Clemente tenía mayoritariamente un lado ganador. Aún más inexperto, fue el que proporcionó los dos últimos títulos de Liga al Athletic de Bilbao (1983 y 1984) con solo tres años en los banquillos de Primera División. Al equipo vasco lo mantuvo dos años más en puestos de competiciones europeas. También triunfó en el Espanyol en su primer año, al que colocó en la tercera posición. Y al siguiente estuvo a punto de proporcionarle su primer título de la Copa de la UEFA si no fuera por aquel fallido partido de vuelta en Leverkusen, donde el Bayer remontó el 3-0 de Sarriá. Destituido en la tercera temporada como periquito, Clemente volvió a triunfar con el Atlético de Madrid pero las decisiones de Jesús Gil hacían del banquillo colchonero un lugar de paso. Le echó en la jornada 27 cuando el equipo iba segundo.
Al año siguiente en Bilbao solo duró una jornada menos, pero entonces el despido fue más comprensible ya que el Athletic caminaba sobre el alambre.
Pasaron los años de la selección, con partidos excelentes, ridículos espantosos y pleitos con los periodistas. Y una vez cerrada la vida con la roja, Clemente no ha vuelto a levantar cabeza. Como mucho, sus éxitos han sido apagar algunos fuegos que le han encomendado. Así ocurrió en su segunda etapa con el Espanyol, al que sacó del pozo por muy poco. Lo mismo con el Betis y la Real Sociedad, de la que fue destituida al año siguiente. El Tenerife se hundió con él en el barco y el Espanyol evitó la tragedia echándolo a la décima jornada. El Athletic, equipo de sus amores, estuvo a punto de descender en el 2006 bajo sus órdenes. Pero sus remedios no sirvieron para evitar la misma suerte con el Murcia, donde ahora ha tocado fondo. Entre medias, fracasó con Serbia pero no con Irán. Ahí le bastó con enfadar a los directivos de la República Islámica por cuestionar sus métodos de trabajo.