Los errores individuales sentenciaron al equipo coruñés a la eliminación tras una primera parte para olvidar cuanto antes
15 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Se daban todas las condiciones. El Dépor soñaba con una nueva noche mágica frente a un rival grande y con ventaja. Tras el 2-1 de la ida, todos sabían que bastaba un gol para alcanzar los octavos de final. Pero se olvidaron de una premisa más importante: mantener la portería a cero.
En solo 44 segundos, el Sevilla demostró la importancia de la seguridad defensiva, la misma que la pasada temporada dio la permanencia, y derribó la confianza de su rival. El gol de Navas, completamente solo en el segundo palo a la espera del centro desde la izquierda de Capel, marcó una pauta para los tres tantos que recibió el Dépor en la primera parte. Ni Manuel Pablo apretó en el envío ni Filipe se dio cuenta de que el escurridizo extremo hispalense le había tomado la espalda.
En el segundo tanto, Colotto se entretuvo hasta que Luis Fabiano le robó el balón, mientras en el tercero Piscu se resbaló y arrolló a su compañero para que el brasileño, de nuevo, se plantara solo ante Fabricio. Se puede hablar de la efectividad del Sevilla, capaz de marcar en las tres ocasiones de que dispuso. Pero también hay que destacar la extraordinaria fragilidad local, que pareció un muñeco en manos de un rival decidido a plantarse con rotundidad en la siguiente ronda.
Dicen que el Sevilla solo sabe jugar de una manera: robar y salir. Por eso, lejos de serenar el juego, siguió a su ritmo. Así, entre el segundo y el tercer tanto, el Dépor demostró que podía haberle plantado cara a un rival defensivamente débil y abordable. En esos casi veinte minutos, los ataques coruñeses, en su mayoría gracias a centros de Filipe, acabaron siempre en clara ocasión de gol. A Colotto, todo un especialista en los remates desde el segundo palo, y a Valerón, gris anoche, le quitaron bajo palos sendos remates.
Trincheras
Quizá fueron los únicos minutos que el encuentro pareció responder a las pizarras de los dos entrenadores: un duelo trabado, jugado desde las trincheras del mediocampo distanciadas una de otra apenas veinte metros, y que se podía decidir a cara o cruz. Pero la pifia de los centrales blanquiazules en el tercer tanto acabó con cualquier atisbo de partido.
La segunda parte se transformó en un amistoso por el carrusel de cambios en que los dos entrenadores convirtieron sus alineaciones. Lotina reservó a Manuel Pablo, Bodipo y Lafita. Quizá por el orgullo de jugar ante su afición y por la búsqueda del gol de la honra, lo cierto es que el Dépor comenzó a llevar la iniciativa. Ni siquiera se resintió de la expulsión de Omar Bravo. También el Sevilla sufrió la tarjeta roja a Palop. Pero el Dépor no la rentabilizó. Pablo Álvarez falló el penalti con Chevantón bajo palos y los coruñeses no se llevaron ni una sonrisa de su noche más aciaga de la temporada.
Al final, el Dépor-Sevilla que se presumía intenso y disputado se resolvió en apenas 44 segundos y un mal día para pensar en remontadas.