McLaren jugó y perdió. Mintió para arañar unos puntos y se quedará sin nada. Si no hubiera movido ficha, Lewis Hamilton habría sumado cinco puntos en el Gran Premio de Australia. El campeón del mundo cruzó la meta en cuarta posición por detrás de Jenson Button, Rubens Barrichello y Jarno Trulli. Pero Hamilton recurrió a los despachos. Trulli lo había superado con el coche de seguridad en pista cuando agonizaba la carrera, una maniobra claramente ilegal. Los comisarios sancionaron al italiano con 25 segundos y el inglés ascendió a la tercera plaza. Pero la Federación Internacional del Automóvil (FIA) descubrió que en su denuncia McLaren ocultó que el adelantamiento se había producido por un error propio. Las grabaciones de las comunicaciones internas de la escudería demuestran que el equipo ordenó a Hamilton que cediera ante Trulli y que luego se olvidó del pequeño detalle. El castigo es la descalificación del Gran Premio de Australia. El contador de McLaren se pone a cero. Y Trulli vuelve al podio.
Hamilton y su equipo se equivocaron en Albert Park. El inglés, con el safety car en el circuito, adelantó a Trulli cuando este se salió de la pista. Él y su escudería creyeron que se trataba de una maniobra irregular y que, por lo tanto, estaban obligados a ceder para que el italiano recuperara la tercera posición. Hamilton redujo su velocidad. «Casi llegó a pararse. Me dio permiso para adelantarle. No podía hacer otra cosa», recuerda Trulli.
Al finalizar la prueba, la escudería de Martin Whitmarsh, en lugar de digerir su fallo, inició una loca carrera hacia adelante. Protestó de forma oficial por el adelantamiento y negó que este fuera provocado por una orden de equipo. «Los comisarios y el director de la carrera preguntaron a Lewis Hamilton y su jefe de equipo, David Ryan, si ha habido una instrucción dada a Hamilton para permitir superar a Trulli. Tanto el piloto como su jefe de equipo señalaron que no se había dado ninguna orden», destaca un comunicado de la FIA. «Hamilton y McLaren ocultaron cosas y aportaron evidencias deliberadamente falsas en sus primeras declaraciones», destaca el texto.
Los borrones de McLaren en los últimos tiempos van más allá de una conducción al filo de la ley. En el 2007 sancionado con una multa histórica (100 millones de dólares) y descalificado del Mundial de constructores por espiar a Ferrari. Y ahora se le borra de Melbourne por mentir. Whitmarsh, sucesor de Ron Dennis al frente del equipo, se encuentra con su primera bofetada de reglamento. En un intento por lavar la imagen de los suyos, insiste en que «no hay nada que demuestre que Lewis mintió a los comisarios». Y agrega: «No sé que quieren decir con lo del engaño».
Después de barajar de nuevo los naipes, Fernando Alonso se queda en la misma posición, la quinta. Pero ya es el único piloto ilustre que ha puntuado a la sombra de los Brawn.
McLaren no apelará. Quizás haya aprendido que contra el vicio de los despachos está la virtud de la sanción. Y que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo. Aunque el liante sea el más rápido del 2008. Lewis Hamilton.