Un mal partido cerró una etapa fabulosa de Rafa Nadal en París, un capítulo que ya forma parte de la gran historia del tenis. Irreconocible, abandonado por su servicio, incapaz de marcar el ritmo del juego, impotente para variar el guión de un encuentro corriente de octavos de final, el mallorquín dejó de ser invencible en la tierra de Roland Garros. Cuatro títulos y 31 triunfos después de su estreno en su ciudad favorita, mordió el polvo. Cayó frente a Robin Soderling en cuatro sets por 6-2, 6-7 (2), 6-4 y 7-6, de forma incontestable. Porque pareció la sombra del gran campeón que hasta hace quince días parecía invencible en arcilla. Volverá. Solo falta saber cuándo.
Especialista en pista rápida y con la lección aprendida del 6-1 y 6-0 que Nadal le estampó en Roma hace unas semanas, Soderling descubrió sus cartas desde el primer juego. Se lanzó al ataque en todo momento. No quería correr detrás del bombardeo de fondo de Nadal. Y, como el acierto le acompañó durante tres horas y media, el plan salió bien. Su idea era previsible; no tanto la respuesta del mallorquín, que ya había dado algún síntoma de debilidad en los partidos anteriores.
Vapuleado en el primer set, Nadal pareció rehacerse en el segundo, pero casi nunca demostró su extraordinaria jerarquía. Ganó el tie break con autoridad, sí. Pero al rato quedó de nuevo a merced del sueco, que encontró en el resto una espita por la que vaciar al campeón. Soderling atacó todo cuanto pudo el errático servicio del mallorquín, desarbolado y sin mando por primera vez en mucho tiempo. El 6-4 en el tercero para el sueco abocaba al español a una remontada heroica.
Nadal, que no perdía un set desde la final del 2007 frente a Federer, que barrió al suizo en el partido por el título del año pasado, sufría ante un rival con el que nadie contaba. Abandonado por su juego, por la agresividad con la que encadenó títulos en los últimos meses, con la garra no le alcanzó esta vez para frenar el vendaval de Soderling. Lo intentó con arrebatos de furia. Se llegó a golpear el pecho al más puro estilo de Novak Djokovic cuando abrió el cuarto set con un break . Pero su reacción resultó un espejismo. ¿Y si forzaba un quinto set? No hubo lugar a especular con que su superioridad física le mantuviese con vida. El trono de Nadal queda libre, y se esfuma la posibilidad de que encadenase en este mismo año 2009 el grand slam con los cuatro títulos en Australia, Roland Garros, Wimbledon y el US Open.