Los Lakers han dado primero en la final de la NBA. Los de púrpura y oro pasaron por encima (100-75) de unos Orlando Magic desconocidos, que rindieron muy por debajo de su nivel. Kobe Bryant ejerció de superhéroe al anotar 40 puntos, de los que 18 fueron en un tercer cuarto primoroso que sirvió para sentenciar el partido. En la madrugada del domingo al lunes (02.00 horas), el Staples Center repetirá como escenario del segundo duelo.
No estaba siendo un buen partido de la estrella angelina. Comenzó muy errático en el tiro, fallando seis de sus nueve intentos. Su superioridad física sobre el novato Courtney Lee era evidente, pero Kobe no paraba de errar.
Fue entonces cuando los Magic desaparecieron en la misma medida que Bryant comenzó a anotar. Asumió toda la responsabilidad, no bajó la cabeza y apuntilló el partido. Anotó 12 puntos en el segundo cuarto y 18 en el tercero, con canastas espectaculares de dos más tiro adicional. Todo un espectáculo.
Jackson, contrariado
Mientras el Staples Center era un clamor con cánticos unánimes de MVP festejando la primera victoria de la final, un miembro del banquillo de los Lakers caminaba meditabundo. Era Phil Jackson. El maestro Zhen sabe que así se gana un partido, pero no una serie. Quiere que todos participen y aporten en su justa medida. No le vale que Bryant anote 40 puntos si para ello desperdicia 18 tiros (16 de 34 fue su balance).
«Kobe está encendido y da gusto verle meter canastas. Pero hay que rotar más el balón. Hay que darle mayor movilidad y pasar», explicó a la televisión norteamericana tras ver su exhibición del tercer cuarto. Sin alzar la voz, su reacción fue sentar a la estrella de los de púrpura y oro durante siete minutos.
Exhibición defensiva
Lo que sí ha sido del agradado del técnico californiano fue la gran actitud defensiva demostrada por sus jugadores. Dejar a un equipo en 75 puntos es algo casi insólito en una final NBA.
Un rigor que fundamentalmente tuvo que sufrir Supermán. Dwight Howard llegaba a este partido en un gran estado de forma, promediando más de veinte puntos por partido y dominando con absoluta claridad las dos zonas.
Pero los Lakers supieron frenarlo con un doble y hasta triple marcaje que lo sacó de quicio. Su paupérrimo 1 de 6 en lanzamientos de campo así lo demuestran. La defensa angelina evitó que le llegaran balones y cuando los recibía, allí estaba un manotazo para frenar sus acciones en falta (dispuso de 16 tiros libres, de los que anotó 10).
Odom, Bynum, Ariza y sobre todo un extraordinario Pau Gasol, ya pueden presumir de saber cómo frenar al pívot más dominante de la actualidad.
Portentoso Gasol
Pau quiere conquistar el primer anillo de la NBA para España. Lejos queda ya en su mente el fracaso del pasado año, en el que llegó muy limitado de fuerzas a la final contra los Celtics. Está pletórico y en uno de los mejores momentos de su carrera deportiva.
En el primer partido de la final, el ala-pívot de Sant Boi se quedó a las puertas de sumar su duodécimo doble-doble consecutivo. Sumó 16 puntos (7 de 12 en tiros de campo) y 8 rebotes, pero su brillo llegó fundamentalmente en la faceta defensiva. Frenó a Howard empleándose con una gran agresividad en sus 37 minutos de juego.
No eran los Magic
Los Orlando Magic que se presentaron en el primer partido de la final estuvieron muy lejos de su nivel. No apareció el gran equipo que demostró ser ante Cleveland y Boston. Y eso que estuvieron reforzados de forma sorprendente por el milagrosamente recuperado Nelson.
El base fue la única nota positiva. Nada más salir sorprendió por su desparpajo, después de cuatro meses de inactividad, con dos asistencias propias de un all star. Por lo demás, un desastre absoluto. El 23 de 77 en tiros de campo así lo demuestra. El perímetro naufragó y acabó desquiciado con los fallos. Turkoglu y Lewis, desaparecidos.