Un mal partido de la estrella de los Lakers y la permisividad arbitral dan a Orlando su primer triunfo en la final
11 jun 2009 . Actualizado a las 03:16 h.Ya lo había demostrado en los últimos veinte minutos del segundo choque. Orlando Magic ha aterrizado en la final y se comporta como el equipo demoledor que eliminó a Boston y a Cleveland. Ganó (108-104) en el tercer partido de la final, marcado por un arbitraje casero y los errores en los lanzamientos a canasta de la estrella angelina, Kobe Bryant.
Con 2-1 aún para los Lakers, los dos próximos partidos volverán a disputarse en la cancha de los Magic. El cuarto se jugará la próxima madrugada (3 horas, Digital +) y el quinto, la noche del domingo al lunes (2 horas). Si fuese necesario, el Staples Center de Los Ángeles albergaría los dos encuentros finales.
Los árbitros no pitan igual en Los Ángeles que en Orlando. Esa es una realidad que quedó constatada después del encuentro de ayer. Si en el Staples los Lakers podían emplearse con dureza en la marca sobre Dwight Howard, Supermán es intocable cuando pisa territorio de Florida, de tal forma que ayer pudo campar a sus anchas en la zona. Desapareció la regla de los tres segundos que lo desesperó en los dos primeros duelos. En Orlando tiene permiso para vivir en la pintura. Todo lo contrario que Gasol, principal víctima de este arbitraje casero, que le impidió defender como en duelos anteriores a la joven estrella de los Magic.
El español se cargó de faltas en el primer cuarto. Cualquier roce con Dwight Howard era castigado como personal, sin que el español recibiera el mismo trato cuando era el pívot de los Magic el que se empleaba con dureza. Resultado: solo tres rebotes de Pau. Aún así, el español ganó la partida ofensiva al anotar 23 puntos, por 21 de Howard.
La otra gran clave del duelo fue Kobe Bryant. La estrella angelina murió de éxito. Comenzó con números de crac, repartiendo tres asistencias y encadenando 6 de 7 en tiros de campo. Acabó el primer cuarto con 17 puntos en su haber. Pero Kobe es humano y tiró el partido por la borda él solito. Esta vez, sus compañeros rindieron, pero su borrachera de éxito lo llevó a querer acaparar demasiado el balón y a acabar con un bagaje para olvidar (11 de 25 tiros). Anotó 5 de sus últimos 18 lanzamientos, erró cinco tiros libres decisivos y, a veinte segundos del final, perdió el balón que podía haber llevado el duelo a la prórroga.