Red Bull ataca el monopolio de Brawn

J. M. Cortizas

DEPORTES

13 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Hay esperanza. No mucha, de momento, pero sobre el brumoso cielo de la fórmula 1 se atisba un intento de claro. Un soplo de alivio. Llegó volando a lomos del dúo de Red Bull. Cuatro alas contra el monopolio de Brawn. Fue una de esas carreras que parecen contar con el beneplácito unánime de la justicia. La que encumbró a Mark Webber en su primera y sollozada victoria en este negocio. La que permite al team energético recortar diferencias ante la tiranía del difusor capitaneada por Ross Brawn.

Ayer, en Nurburgring, nunca estuvieron invitados al festín. Ni hablar. La suya fue una guerra fratricida por rapiñar las migas que quedaron después del almuerzo que se pegaron Webber, Vettel y Massa. Hasta Rosberg les birló algunas virutas, como a punto estuvo de hacerlo Alonso. Y es que hablamos de una carrera en la que casi todos acabaron usando el tiempo condicional. ¿Qué hubiera pasado si Hamilton no se atraganta la primera curva tras una arrancada inverosímil que le llevó del primer al último puesto? ¿O si los Brawn hubieran mostrado la competitividad perdida? ¿O si Alonso hubiera calificado mejor?

Dos podios

La realidad mostró que este domingo era el día de un australiano que lleva toda su vida deportiva en Europa. Mark Webber había aparecido este año dos veces en la foto regando con cava a Vettel (en los dobletes de China e Inglaterra) y obró el sacrilegio de alzarse como destinatario del espumoso en casa de su compañero.

Pulcra hasta sus últimas consecuencias la actuación del emocionado Webber en su primera victoria. Le hicieron darse un garbeo extra por el pit lane por impactar lateralmente con Barrichello. Le notificaron el excesivo drive through en la vuelta 12, cuando iba enganchado al brasileño de Brawn. En el mismo instante en que Fisichella superaba a Alonso en pos de la undécima plaza. El español había empezado mal, como para creer en brujas. Un trompo en la vuelta de calificación desveló un problema en el embrague de su R29. Su salida fue más propia de un utilitario. Esperaba lluvia, pero solo descargó hasta tres horas antes de la carrera. Luego, en 180 minutos, el asfalto subió de los 13 a los 30 grados y el sol brilló por primera vez desde el jueves sobre el bosque de Eifel. Cuando el italiano de Force India le superó, más de uno pensó que el Nano cerraba el chiringuito.

La vuelta 30 recompuso la situación. Desde entonces sí pasaron cosas. Raikkonen empaquetó sus bártulos tras tocarse con Sutil; Barrichello no tuvo la primera parada en boxes soñada y Vettel y Massa se enfrascaban en sus asuntos. Tampoco lograba asomar lo suficiente para catar el podio Button, mientras el Williams de Rosberg mantenía la progresión. Webber metió la directa. En el giro 32 se hizo con el liderato y su misión cumplida fue apartarse del radio de acción de sus perseguidores.

Un Renault veloz y competitivo

Vettel aprovechó el segundo repostaje para superar a Massa -que estrenó podio por esta temporada- y apareció en el horizonte la mejor versión de Fernando Alonso. El bicampeón se despojó de los neumáticos blandos y apareció en sus manos otro coche, veloz y competitivo. Tanto que adelantó con el desparpajo ya olvidado a Glock, marcó dos récords de sector (el tercero se lo acabó birlando Trulli) y rubricó la vuelta rápida en carrera, la decimosegunda de su palmarés. No lo hacía desde Italia 2007. Tanto mejoró su Renault que se enganchó al rebufo de los Brawn en las cinco últimas vueltas, después de que a Barrichello perdiera la quinta plaza por una dolorosa decisión de equipo.

Al español la lluvia lo sacó de pista en la calificación y el sol lo rescató en carrera para formalizar su actuación más meritoria de la temporada. Los Brawn han pasado de comerse el mundo a padecer por las caries. Ferrari se hacía con su segundo podio en nueve carreras. McLaren amaga, pero sigue desparecido en combate. Y Alonso da señales de vida. No es la panacea, pero al menos hay algo que contar.