«Esto todavía me va a hacer más fuerte», dijo hace un año en Pekín cuando una valla le dejó sin medalla olímpica. Y 365 días después acertó de pleno. Con un oro que hace resplandecer de nuevo al atletismo español.
Marta Domínguez (Palencia, 1975) ya era la reina del atletismo español antes de Berlín, pero tras el éxito de Alemania su leyenda se ha visto agigantada de un modo sensible. Salvo el estigma olímpico que todavía le persigue, todo lo demás que toca es oro. O al menos podio, un lujo en estos tiempos de recesión de medallas que tocan.
A nivel mundialista, la palentina ya sabía lo que era colgarse la plata por partida doble, pero había sido en los 5.000 metros, una de tantas pruebas que ha probado con éxito. Porque desde que comenzó a coleccionar triunfos a los 16 años ya suma una docena de medallas de rango internacional, algo tan solo al alcance de los mejores.
A sus 33 años, la palentina también ha mandado en el cros a nivel europeo y en los 3.000 metros ha sido durante mucho tiempo una referencia continental. Y eso que sus albores competitivos se desarrollaron en el milqui .
El gen competitivo
Pero en todas las modalidades Marta ha demostrado por encima de todo un gen competitivo. Mentalmente es la mejor atleta española de todos los tiempos. Nunca se amilana, es puro nervio y para los metros finales posee un cambio de ritmo demoledor.
A mayores, está su desenfreno. No tiene ningún miedo a los nuevos retos y a los cambios. Cualquier otra persona con su palmarés se quedaría en casa autocomplaciéndose de todo lo que ha sido, pero Marta no. Un buen día decidió probar en los obstáculos, y para mejorar fue incluso capaz de romper con su entrenador de toda la vida. Mariano Díez le acompañó siempre desde los diez años, pero tras la caída de Pekín la chica de la cinta rosa en el pelo decidió que César Pérez, un obstaculista todavía en activo, era quien más le convenía para depurar una técnica por pulir.
Acertó de pleno, en su segunda temporada en los obstáculos fue capaz de presentarse en Berlín con la mejor marca del curso, entonces récord de España y quinta mejor de todos los tiempos a nivel mundial. Una inmejorable carta de presentación.
Su afán de superación completa la trilogía que le ha llevado a lo más alto. Es capaz de estar media temporada parada como consecuencia de una dura lesión -como la que le obligó a renunciar al Mundial de Osaka- y volver a competir exhibiendo su mejor versión en una disciplina que le era ajena. Ahora le queda la gesta pendiente, la de los Juegos Olímpicos. Después del subidón de ayer, aguantar tres años al máximo nivel no es nada.