Marta Domínguez desempolva el oro

X.?R. Castro

DEPORTES

Desde que en 1999 Abel Antón ganase el maratón, ningún español había subido a lo más alto del podio

18 ago 2009 . Actualizado a las 11:52 h.

Tenía que ser Marta Domínguez. Solo ella estaba capacitada para poner a España en el medallero y para darle un oro diez años después. Solo ella podía suceder a Abel Antón como campeón mundial. Y lo ha hecho además a lo grande, con una nueva marca mundial del año y con récord de España incluido después de una carrera perfecta, en la que acabó por desquiciar a la favorita Galkina, que incluso quedó fuera del podio. «He cumplido uno de mis sueños de niña», sentenció la protagonista.

Marta se ganó ayer un monumento de los grandes. Del mismo tamaño que su talla de deportista grandiosa. Llegaba con la mejor marca mundial del año, pero el oro se había puesto caro en las semifinales. Incluso la palentina no sentía sus mejores sensaciones y antes de comenzar a correr exhibió un rictus de preocupación.

Todo era estrategia, desde el primer metro gobernó la carrera con una maestría sensacional, como si llevase el plan de ataque en su cinta. Salieron Galkina y Yuliya Zarudneva a marcar el ritmo, y la palentina se fue con ellas. Con la misma zancada y con mucha más determinación. La rusas, como estaba cantado, imprimieron un ritmo alto a la carrera -«no saben hacer otra cosa», había dicho Marta en la víspera-, pero la campeona olímpica no encontró en el cambio de zancada el fruto deseado. Por eso el segundo kilómetro fue más lento y permitió que el grupo perseguidor contactase.

Fue la sentencia para Galkina. Comenzó a desviarse del objetivo del oro mientras Marta Domínguez divisaba su brillo a lo lejos. La keniana Milcah Chemos Cheywa pegó un cambio de ritmo en busca de clarificar el panorama. Y la primera impresión apuntaba en ese sentido, pero en la última vuelta cambió todo.

Galkina buscó un último hachazo y Marta, tan inteligente y segura de sus fuerzas, abandonó la cuerda de toda su vida para invadir la calle 2 y seguirle el ritmo sin ninguna alteración. Entonces a la rusa le entró el vértigo, cedió en su empeño y entregó el testigo a su compañera Yuliya Zarudneva. Le duró un suspiro. Aún con algún susto -ha mejorado una barbaridad en el aspecto técnico- Marta salió ya de la ría en la primera posición para pegar un esprint en la recta final que le llevó a entrar volando en la meta -«Me puse al lado de [la rusa Yuliya] Zarudneva y me di cuenta de que no andaba bien y eso me dio fuerzas para el remate», desveló después-. Antes de cruzarla tuvo tiempo de esgrimir su mejor sonrisa y de sacarse la cinta rosa que le ha acompañado a lo largo de toda su vida. También en su mayor día de gloria: «Ha sido una carrera perfecta, he venido de menos a más y al final se ha cumplido un sueño de toda mi vida», explicaba en pleno jolgorio.

No era para menos la fiesta. Desde 1999, en el Mundial de Sevilla, nadie era capaz de colgarse un oro en el alicaído atletismo español y ella lo había hecho con su mejor marca (9.07,32) en una especialidad a la que llegó hace dos años. Por algo es la reina Marta.