Probablemente, Marc Gasol dijo en voz alta lo que nadie se atrevía a decir, aunque casi todos lo pensaban: la cuestionable decisión técnica de Scariolo en el ataque que podría haberle dado el triunfo a España frente a Turquía. El seleccionador asumió la responsabilidad por diseñar la última jugada para Sergi Llull. Aunque suene a ventajista, solo puede justificarse si el jugador del Madrid hubiera conseguido los dos puntos. Pero la trascendencia va incluso más allá, ya que en cierto modo supone el cuestionar la jerarquía de un grupo en el que nadie se hubiera llevado las manos a la cabeza si el balón cae en las manos de Pau Gasol o de Navarro. Demasiadas derrotas: España está al borde de una catástrofe de similares características a la traumática derrota en los Juegos de Barcelona frente a Angola (1992) o contra China en el Mundial de Canadá (1994). El baloncesto español no queda fuera de los ocho primeros en un Campeonato de Europa desde 1977, lo que además significaría no conseguir una plaza para el Mundial de Turquía (2010), al que acuden los seis primeros clasificados. En solo cuatro partidos oficiales, España acumula dos derrotas, la mitad de las que ha cosechado en sus tres últimas citas internacionales (dos en los Juegos frente a Estados Unidos y otras dos en el Europeo del 2007). Además, en Lituania perdió su primer amistoso en cuatro años. Demasiados tropiezos cercanos como para no sospechar que algo no funciona. Dirección errática: España no ha encontrado la continuidad ni el ritmo adecuados. Scariolo sigue dudando entre la opción de Raúl López y Cabezas como segundo base, y el rendimiento de Ricky Rubio está lejos del que ha ofrecido en el Joventut. Llull era una solución de urgencia que puede haber salido tocado del error frente a Turquía, donde además disputó su primer minuto y medio del campeonato como director de juego. Necesidad de autocrítica: Marc Gasol prendió una mecha que él no había puesto. Antes de que Llull se estrellara contra las torres turcas, España ya había ofrecido el peor rendimiento de los últimos años. Las estadísticas quizá no dicen toda la verdad, pero nunca mienten. Así, es difícil ganar cuando, como frente a Turquía, se anotan el 48% de los lanzamientos de dos, el 27% de tres y se pierden 16 balones. Nada nuevo, los números coinciden con los que ha firmado a lo largo del torneo. Y Scariolo no lanza a canasta ni regala balones al rival. El antaño feliz grupo llegó Polonia lastrado por algunas lesiones y por una preparación demasiado cómoda y con excesivas dosis de euforia, incluso en su entorno más cercano.