Rafa Nadal quiere, pero no puede. Como en los dos torneos anteriores, sin rodaje antes, y ahora también mermado físicamente, su juego no le alcanza todavía para ganar a los mejores. Puede con la clase media alta del tenis mundial, pero no con los mejores. El mallorquín perdió ayer con toda justicia frente a Juan Martín del Potro por 6-2, 6-2 y 6-2. En ningún momento fue por delante, en ningún momento le funcionó un plan, en ningún momento mandó en el juego. Se encontró, también, con un rival que redondeó el partido de su vida, que nunca dudó pese a encontrarse ante el gran reto de su carrera, el pase a la final en Nueva York. El argentino, por primera vez en el partido estelar del US Open, jugará el encuentro por el título esta noche ( Canal + Eventos, 22.00 ) contra Roger Federer que venció a Novak Djokovic.
El saque
Nadal tuvo dos problemas en la semifinal. Para empezar, su lesión abdominal hace que juegue casi sin servicio, con muy poca fuerza, en un torneo en pista rápida. Su tenis le ayuda a escurrir el bulto contra los Monfils, González y Almagro. Pero sufre contra rivales de mayor enjundia. Del Potro se lanzó siempre a atacarle ya con el resto. Y le rompió el servicio un par de veces por set. El español solo ganó el 57% de los puntos en los que metió el primer servicio, lo que da idea de lo blando que sacó.
El bote alto
Además, del servicio, tan mermado por su lesión abdominal, Nadal tuvo otro problema durante todo el partido. El juego liftado, el bote alto que tanto incomoda habitualmente a sus rivales, es pura bendición para un tipo de casi dos metros como Del Potro, que así juega muy cómodo. A palo limpio, casi siempre sobre la línea de fondo, con sus golpes planos sacó a Nadal de la pista. Sobre todo, sobre la derecha del español. Solo al inicio, el mallorquín intentó cambiar algo el guión con el revés cortado, y en algún momento tomando la iniciativa desde el principio de los puntos. Solo en esas contadas ocasiones hizo vibrar a un público norteamericano que le adora.
Después de la suspensión durante dos días de la continuación de su partido de cuartos de final contra el chileno Fernando González, parecía que el principal problema para el mallorquín sería el maratón de tres encuentros en tres días que necesitaba para hacerse con el único título del Grand Slam que le falta. Pero el sábado cerró su cruce de cuartos de final con enorme facilidad y ayer en ningún momento dio la impresión de que faltara fuelle.
Con 20 años, Del Potro accede a su primera final de un gran torneo después de una gira americana sobresaliente, en la que ya ganó el torneo de Washington y alcanzó la final de Montreal. Alto, pegador, con un servicio demoledor y unas piernas que le responden mucho mejor de lo habitual en un jugador de 1,98 metros, saltará hoy al quinto puesto del ránking mundial. En una progresión en la que todavía no parece haber tocado techo.