España reduce a un trámite el pase a la final

José M. Fernández

DEPORTES

Nunca dio opciones a una Grecia que acabó entregada a la superioridad de una selección que busca su primer oro en un Europeo

20 sep 2009 . Actualizado a las 02:01 h.

España luchará hoy por la conquista de su primer oro en un Campeonato de Europa, ese metal que se le ha negado en seis ocasiones, pero que ahora parece más cerca que nunca. El conjunto español pasó por encima de Grecia en una nueva exhibición de poderío, de defensa y de variedad de argumentos. Incluso se permitió el lujo de dosificar en el tramo final a sus principales estrellas, incluido un Pau Gasol que asistió desde el banquillo al último cuarto.

Desde la adversidad de un mal arranque de campeonato, con lesiones y algunas dudas sobre su juego, la selección española ha recuperado definitivamente su identidad, esa que le ha permitido ganar un campeonato del mundo o tutear a las estrellas de Estados Unidos en una final olímpica. A la hora de la verdad, cuando se ha visto contra las cuerdas, ha aparecido su mejor versión, la del grupo solidario y descarado que se impone por aplastamiento. De uno en uno ha salvado cada obstáculo que se le ha presentado en un torneo que no empezó con buen pie. Después de la derrota con Serbia, sufrió frente a Gran Bretaña y Eslovenia, y espantó unos cuantos fantasmas con Lituania.

Festival español

A partir de ahí, un festival con la medalla de oro como único objetivo. Primero, Polonia, la anfitriona que buscaba alcanzar los cuartos de final, después la Francia invicta y ayer la Grecia que había dejado fuera de la semifinal a Turquía. Uno tras otro han sido avasallados sin piedad por un conjunto que llegó a Polonia con el único objetivo de subirse al primer escalón del podio.

Grecia plantó cara en el primer cuarto, cuando Bourousis encontró petróleo en cada balón que rechazaba el tablero español, pero, a falta de otros argumentos, con un juego exterior incapaz de rebasar la primera línea defensiva española, esa era la única baza frente a un conjunto que era capaz de anotar 26 puntos en diez minutos. Privilegios de disponer de tan inmenso potencial.

La resistencia griega se fue difuminando en el segundo cuarto. De nuevo desde la defensa, España anuló a Spanoulis (solo fue capaz de lanzar a canasta en tres ocasiones antes del descanso), sufrió con el rebote ofensivo rival y amplió su renta con Gasol y Rudy. Lo más increíble es que pese a la contundente superioridad reboteadora del rival (24 a 13, y 47 a 29, al final), España nunca sintió cerca el aliento griego. Los 9 puntos de renta en el descanso (49-40) no reflejaban la abismal diferencia entre el juego de unos y otros, la sensación de poderío que transmitía el campeón del mundo y el temor de una Grecia reducida a la mínima expresión.

El arranque del tercer parcial (58-42) disipó cualquier duda, si es que alguien la tenía. Scariolo ha encontrado la fórmula de la rotación perfecta, la que le permite conservar fresco el inmenso talento ofensivo de sus jugadores y exprimir el defensivo. De una u otra forma, alternativamente, aprieta las clavijas al rival y cuando ambos convergen, su equipo pasa a ser un ciclón inaccesible para cualquier selección europea.

Grecia nunca se entregó, pero tampoco transmitió que estaba en condiciones de llegar con opciones al último tramo; sin brújula, vivió de los tiros libres, del rebote ofensivo y los arreones de un Schortsanitis que acabaría ofuscado.

España tiró de Rudy y de Pau Gasol para mantener una renta cómoda en el último cuarto (64-51). A partir de ahí, un paseo. Siete puntos del espectacular Llull y un triple de Cabezas redujeron definitivamente al rival a cenizas y el partido a un mero trámite.

Hoy, el último peldaño, ese al que el baloncesto español nunca ha podido auparse.