El técnico del Sevilla, Manolo Jiménez, se quejó tras el partido del sábado del césped de Riazor. Dijo que su irregularidad impedía que circulase bien el balón. El campo tiene problemas, y así lo reconoce el ingeniero que lo cuida, José Manuel Calderón, pero entre ellos no figura el de la irregularidad. El principal es que una mala hierba (la poa anual) se hace fuerte en él desde la noche de los tiempos y lo coloniza. Y esa gramínea tiene la raíz corta, de menos de cuatro centímetros, lo que provoca que el césped se levante en algunos puntos. El cuerpo técnico deportivista conoce ese problema: «Riazor suele tener buen apariencia, pero es un campo que no está bien, porque se levanta fácil, porque tiene la raíz muy cortita», detalla Ribera, segundo de Lotina.
La poa anual está en el aire, y gusta del clima atlántico. Lo ideal sería levantar Riazor y plantar otro tipo de hierba, en concreto raigrás inglés. Es la que se sembró en todos los campos de Abegondo, tiene una raíz de entre ocho y quince centímetros, y por tanto fija mucho mejor. Pero esa sería una operación cara, de unos 300.000 euros, y el club no está para dispendios. Así que lo que queda es luchar contra la poa anual de marras. No se le debe combatir con herbicidas, porque el campo se quedaría calvo. Así que lo que se hace es sembrar raigrás en Riazor, y así se va tirando, aunque al final siempre sea más fuerte la poa , que se come al raigrás a los tres meses. En todo caso, incluso levantando el césped actual y plantando el inglés, el buen estado no sería permanente: «En Abegondo, que lleva siete años con raigrás , ya está empezando a brotar poa », cuenta Calderón.
El sábado en varias zonas era visible arena, «pero eso no afecta a la irregularidad», precisa el ingeniero. En todo caso, ¿por qué había arena? Pues fue una consecuencia de las labores que se realizan para que el césped drene bien. Cuatro veces año año se practican 800.000 agujeritos en el césped con una máquina. En esos buracos se echa arena y, de paso, semillas de raigrás . Al crear ese canal respiratorio entre la superficie y el sistema de drenaje «el agua de la lluvia pase a las capas de drenaje y no se forma barro ninguno en superficie», detalla Calderón. Esta labor de mantenimiento se realizó a principios de la pasada semana, pero la lluvia la retrasó, y debido a la falta de tiempo «parte de la arena quedó pegada al césped, así que habrá que ir metiéndola poco a poco».
Además de arena, el sábado también se vieron varios resbalones de jugadores. Y no llovía. «Eso es porque el césped es viejo. Tiene 17 años y sus achaques», replica el ingeniero. Pero ya se sabe que no hay dinero para otro. En todo caso, Calderón pide «tranquilidad». «Con este césped podemos ir tirando seis o siete años». Pese a la pérfida poa anual.