Todos los martes me detengo a contemplar la portada de Riazor, ese cuadernillo semanal que dedica La Voz de Galicia a los deportes de los juveniles, sobre todo al fútbol infantil. Veo las fotos de los niños disputándose el balón y me pregunto qué sucede ahora para que no salgan futbolistas para el Deportivo, tal como sucedía antes. No creo que decirlo así se deba a esa añoranza de quienes vamos mayores e incurrimos en el error de decir que lo de antes era mejor. Antes no transcurría mucho tiempo sin que de la cantera coruñesa asomase un joven futbolista que despertaba el interés de los aficionados, que acudían a los campos de la Granja o de la Torre para verlos jugar. La lista sería larga, sin necesidad de remontarnos a la época de Chacho. Nombres como Acuña, Maristany, Rábade, González, Amancio, Luis Suárez, Carlos Pellicer, Arsenio, Reija, Carlos Torres, Jaime Blanco, Manolete? salieron de la prolífica cantera de la que siempre pudo presumir el fútbol modesto coruñés. Todos salieron de los mencionados campos de la Granja, la Torre y alguno también del Rellenado de San Diego.
En la temporada 1955-56, la alineación titular del Deportivo, en Primera División, era la siguiente: Otero; Rodolfo, Manín, Irusquieta; Botana, Juananco; Polo, Pahíño, Juan, Lechuga y Arsenio. Todos (menos uno) eran gallegos. Ese uno era el defensa Irusquieta, de Bilbao.