La cima más cara del planeta

DEPORTES

El Annapurna, el primer ochomil hollado en la historia, es también el de mayor tasa de mortalidad en el Himalaya, donde durante este decenio han perecido 23 españoles

30 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Cuando Horia Calibasanu alcanzó el martes la cima del Annapurna, le dedicó el triunfo a Iñaki Ochoa de Olza. Hace 23 meses, el rumano y el navarro se habían visto obligados a detener su ascensión a la montaña de la diosa de las cosechas a solo cien metros de la cima. El mal estado físico del español y las complicaciones meteorológicas los obligaron a regresar al campo 4, donde Ochoa de Olza agonizó durante días. Hasta allí lo arrastró un agotado Calibasanu, que, falto de recursos, poco más pudo hacer que acompañar las últimas horas del alpinista navarro. Finalmente, uno más en la larga lista de muertos en las 14 cumbres más altas del planeta -Iñaki había hollado doce antes de enfrentarse al Annapurna-. Una nómina que incluye varios nombres españoles. Hasta 23, solo en la cordillera del Himalaya, contando la de Tolo Calafat, consumada ayer.

Además de la de Ochoa de Olza, las más recientes pérdidas para el montañismo remiten a reputados escaladores como Xabier Ormazábal, hallado muerto en una tienda de campaña a 7.800 metros de altura después de haber hecho cumbre en el Cho Oyu en el 2004. En el 2007, Íñigo de Pineda se despeñó cuando descendía el Kanchenjunga. Ese mismo año, Santiago Sagaste y Ricardo Valencia perecieron bajo un alud en el Dhaulagiri. La misma montaña que se cobró la vida del tarraconense Rafael Guillén, en el 2008.

En el Gasherbrum II se quedó en el 2000 Félix Iñurrategi cuando bajaba tras hacer cumbre en compañía de su hermano Alberto. Allí desapareció también Luis María Barbero hace solo un año.

Pero no solo los ochomiles se han cebado en los españoles en el Himalaya. En la lista negra figuran varias cumbres de menor altura. Como la del Pulmori, un sietemil próximo al Everest en el que cinco jóvenes alpinistas murieron sepultados en el 2001.

El penúltimo en la lista de bajas en la espectacular cordillera fue el navarro Óscar Pérez, uno de los mejores escaladores en pared, que sufrió un accidente en el Latok II. El frustrado rescate de Pérez duró varios días y acaparó tanta atención como el de Tolo Calafat.

Cerca de sesenta muertos

El deportista mallorquín se sumó ayer a las cerca de sesenta víctimas mortales del Annapurna, desde que la montaña se convirtiese, el 3 de junio de 1950, en el primer ochomil en ser escalado por el hombre. Los autores de la hazaña, los franceses Herzog y Lachenal, abrieron brecha para una larga serie de intentos por hollar la cumbre con mayor tasa de mortalidad de entre las grandes paredes del planeta. Más de un 40%, según la estadística elaborada por la versión china de la revista National Geographic.

Casi al otro extremo en cuanto a estos macabros porcentajes, el Shisha Pangma que ayer se preparaba para ascender Edurne Pasaban. La escaladora guipuzcoana que ya advirtió a Oyarzabal, Pauner y Calafat sobre el peligroso descenso del Annapurna.