Una hora de descarga

DEPORTES

16 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Durante una hora, Nicolás Almagro desplegó en la tierra de Madrid un tenis demoledor contra el más temido de los rivales. En su discurso solo cupo el ataque, al servicio y al resto, con la derecha y con su precioso revés a una mano; y aún así, en el mejor momento de su carrera y durante un rato de máxima inspiración, solo pudo arrancar un 6-4 favorable frente a Rafa Nadal. Tanto y tan poco. El mallorquín completó una semifinal brillante, estoico durante la tormenta y como un rodillo en cuanto amainó la descarga del murciano.

Con jugadores como Almagro, que no terminan de trepar al top ten , cabe decir como con los engaños de los políticos: el murciano puede arrollar a algunos grandes rivales durante todo el tiempo, puede arrollar a todos durante un rato, pero no puede arrollar a cualquiera (o a los mejores) todo el tiempo.

Nadie le tose a Nadal en tierra. Nada nuevo bajo el sol, y ya van seis años desde que impuso su estilo. Solo las ganas de encumbrar y enterrar jugadores cada seis meses sostenían las dudas sobre un coloso al que, por ahora, solo han frenado las lesiones en su superficie favorita. Con un calendario más ligero, esta primavera deja un reguero de cadáveres a su paso por las grandes plazas, Montecarlo, Roma y Madrid, a la espera del ansiado y ya clásico duelo con Roger Federer.

Con media clase alta en la enfermería, la superioridad del mallorquín ha sido insultante. Tanto que no ha tenido casi ni verdaderos rivales en estos tres torneos. Entre sus catorce victorias seguidas de esta racha en tierra, hay que rebuscar para encontrar dos nombres que le hicieran un set. Uno fue Ernests Gulbis, talentoso pero inconsistente, con solo un título esta temporada en Delray Beach para adornar su hoja de servicios. El letón exigió lo mejor de Nadal en Roma. Nicolás Almagro también apretó las tuercas del mallorquín. Pese a la derrota, su partidazo, con una arriesgada puesta en escena, hace justicia al pelotón de grandes raquetas españolas a la sombra del fenómeno.