El otro Alonso-Hamilton en Red Bull

José Carlos J. Carabias MADRID/COLPISA.

DEPORTES

Antes de la pelea en el Gran Premio de Turquía, Sebastian Vettel era el niño bonito de la casa y Webber estaba considerado como el veterano con cartel de segundón

01 jun 2010 . Actualizado a las 02:28 h.

El idílico universo de Red Bull saltó hecho añicos en Estambul Park. El gigante que habían levantado entre tres hombres, Dietrich Mateschitz, Chris Horner y Adrian Newey, se rompió por la ambición.

La escudería energética tenía otro doblete en la mano (primero, Webber; segundo, Vettel) y lo que arrastra hoy, después del accidente provocado por el alemán al intentar rebasar a su compañero, es un cuerpo lleno de heridas, resquemores varios y un atisbo de guerra civil al estilo conocido en la fórmula 1. Lo que vivieron Prost y Senna o Alonso y Hamilton en McLaren.

La conclusión primera es que en Red Bull no le han echado la culpa a Vettel, ni lo van a hacer. Horner distribuyó diplomacia en sus palabras («Webber no se abrió suficientemente y Vettel entró demasiado rápido») y Helmut Marko, el reclutador de promesas de la escudería, habló con Mateschitz, el gran jefe: «No le ha divertido lo que ha visto».

Miradas puestas en Webber

Después de la carrera, todos los focos apuntaron a Mark Webber, obligado a hablar en la rueda de prensa de la FIA como tercer clasificado. El tono del piloto australiano, lánguido, apagado, poco tenía que ver con el carácter decidido de un deportista aventurero, amante de las bicis y que ha quedado alguna vez con el ciclista Lance Armstrong para hacer el cabra por las montañas.

En realidad, Webber lucía galas de secundario en el planeta Red Bull desde que su jerarquía ascendió a Vettel al primer equipo desde el Toro Rosso nodriza la temporada pasada. El australiano ya es veterano (33 años) y, aunque goza de prestigio y ascendencia entre sus compañeros de la parrilla, nunca había exhibido fortaleza competitiva como para luchar por las victorias o los títulos.

Debutó en el 2002 en Minardi, pasó a Jaguar, siguió por Williams y acabó en Red Bull, donde Newey le construyó un coche fabuloso con el que ha exprimido su potencial. Nunca había ganado hasta el año pasado (dos victorias y una pole). Este curso es el líder del Mundial después de dos victorias y cuatro poles en siete carreras.

Sebastian Vettel es el niño bonito de la casa. Desde que ingresó en el programa de jóvenes pilotos y fue destrozando marcas (le arrebató a Alonso la del más joven vencedor de una carrera con su exhibición bajo la lluvia en Monza con el Toro Rosso), se sabía que terminaría como teórico número uno de Red Bull. Para muchos es el sucesor de Michael Schumacher que Alemania llevaba tiempo buscando.

Para otros, es solo un piloto de primera clase que no llega a la altura de Alonso o Hamilton y que disfruta de las bondades del extraordinario Red Bull 2010.

Eso sí, con 22 años ya tiene mejor palmarés que Webber. Cinco victorias en cuatro temporadas y ocho poles. Nadie le ha criticado en su equipo por el adelantamiento y, muy al contrario, tanto Horner como Marko han tenido que salir al paso para negar que hubiese trato de favor para el cachorro germano. La apariencia es que sí existe un cariño especial para él. Webber lo tiene crudo en este nuevo episodio de ambiciones en la fórmula 1 que revive el pasaje de Alonso y Hamilton en el 2007.