El español resurge con poderío y alcanza la semifinal de Wimbledon tras un mal inicio y una polémica arbitral
01 jul 2010 . Actualizado a las 03:57 h.Ya amainó la tormenta perfecta lanzada por Robin Soderling, pero todavía manda en el marcador cuando comienza el segundo set en la pista número uno de Wimbledon. Se agarra al partido con una mentalidad de hierro Rafa Nadal, pelea cada punto a la espera de que el rival, un sueco con una potencia descomunal, abandone su estado de gracia. Y entonces, llega la indignación del español, exquisito deportista, pero incapaz de mirar hacia otro lado si se pisotean sus derechos. Canta el juez de línea como mala una pelota del sueco y el español manda contra la red un golpe que ya no vale. Tras la corrección del ojo de halcón , el juez de silla, Pascal Maria, le da el punto al nórdico, en lugar de mandar repetirlo. «No, no, no. ¡Pascal, es increíble! Pegué después de que oí ' out' », argumenta el español. Arde por dentro, hace un par de muecas y, en un instante, vuelve a aislarse del mundo para emerger con su habitual poderío. La decisión de Maria le da al sueco bola de break para empezar el segundo set, pero Nadal la aborta y enlaza seis puntos consecutivos, celebrados a lo grande. Nadal ha vuelto.
El número uno mundial gana al final por 3-6, 6-3, 7-6 (4) y 6-1. El triunfo, unido a la derrota de Roger Federer frente a Tomas Berdych, desbroza el camino hacia su segundo título en Wimbledon, aunque siguen vivos otros gallos. Mañana jugará en la semifinal con Andy Murray, que también remontó un set en contra para imponerse al francés Jo-Wilfried Tsonga por 6-7 (5), 7-6 (5), 6-2 y 6-2.
Dieciocho minutos eléctricos
Bolas a las líneas, disparos imposibles de uno de los tenistas con mayor pegada, habían puesto a Nadal con un inusual 5-0 en contra en solo 18 minutos. Pero se rehízo para perder el primer set por 6-3, ya metido en la lucha. Desde entonces, y más con la rabia de la polémica, que convirtió como solo él sabe en energía positiva y no en una excusa para enredarse en discusiones, gobernó el partido con una autoridad que no encontró contestación. Rompió el servicio del sueco al juego siguiente y voló hacia el triunfo.
Nadal movía la raqueta más rápida que su sombra. Jugaba a cañonazo limpio contra un pistolero. Y ofreció un vibrante festival de ataque en la hierba de Wimbledon. Desde el fondo de la pista, sí, porque no creció el mallorquín en la cultura del saque-volea, tan infrecuente en España, pero con una autoridad fuera de toda duda. Soderling corría, se desgastaba y tan solo se mantenía en el partido por su martilleo de servicio.
Un parón a destiempo
Ganó Nadal la segunda manga por 6-3 y encarriló la tercera con 5-4 a su favor y servicio. Paró entonces el partido el sueco. Pidió la asistencia del fisioterapeuta por sorpresa en un cambio, y el encuentro se detuvo cinco minutos.
Por el parón o lo que fuera, Nadal entregó su servicio con dos dobles faltas que igualaron el duelo. Aunque se rehízo al instante para cerrar bien el tie-break . El resto casi sobró porque el sueco, impotente, no tuvo la valentía para enfrentarse a un encuentro ya muy cuesta arriba, y que murió cuando el mallorquín se adelantó por 2-4.
Avanza Nadal sin que sus rodillas hayan vuelto a chirriar en los dos últimos partidos. Otra buena noticia para el mallorquín.