Otra vez caídas. Y el gran grupo se paró para esperar a los afectados. Para mí es algo comprensible. A muchas formaciones les hubiera interesado tirar para descartar a sus rivales, pero ¿quién da la cara? El que asume esa responsabilidad sabe que va a quedar mal. No es juego sucio, pero te aprovechas de las circunstancias. Si se tratara de mi equipo, no mandaría tirar.
Lo sucedido ayer incrementa la tensión de cara a la etapa de hoy. Tras sufrir una caída vas más encima de la bicicleta. Aparece el miedo y se va con el corazón en un puño. Y esos temores habrá que unirlos a los que ya de por sí genera el recorrido, con sus tramos de adoquines. Para el espectador puede ser algo precioso, pero para los corredores será muy duro. Nervios, ciclistas con sus fuerzas intactas yendo a mil, directores comiéndote la oreja por la radio... Cuando llegue el pavés, aquello será como un circo romano. Creo que, más que los propios adoquines, jugará un papel fundamental la colocación. Hay equipos especialistas, como el Quick Step o el Saxo Bank, que pueden intentar mover la carrera. Y hombres como Contador y Armstrong pueden salir beneficiados o perjudicados de estas maniobras. Depende de la colocación. Un frenazo a la entrada de los adoquines puede hacerte pasar del puesto setenta al ciento cincuenta. Un abismo. Por eso va a ser bonito.