Vaciada la tarde, a punto de caer el sol, el valle azul de las Ardenas que engloba a las localidades belgas de Spa y Francorchamps ha pasado por todos los procesos climatológicos posibles. Salvo nieve, todos los demás fenómenos meteorológicos han posado sus reales sobre esta tarima. Niebla matinal, lluvia intermitente, sol, frío cuasi polar, diluvio vespertino, bruma... Curioso este escenario donde los más viejos del lugar ya no se sorprenden cuando, en el circuito, con los coches a todo escape, luce el sol a un lado de la pista y llueve torrencialmente en el otro. El microclima de Spa deparó una clasificación extraña, que se saldó con un patinazo de Alonso (saldrá décimo hoy) y la quinta pole de Mark Webber, el líder del Mundial, al mando de uno de los Red Bull, intratables en los días previos a cualquier carrera.
Pasadas las seis de la tarde, la diversión en la sala de prensa de Spa consistió en augurar el patinaje sobre hielo que esperaba a los monoplazas de la GP3. En el segundo sector del trazado, el que da al oeste, los pilotos conducían como autómatas, libres de sobresaltos, con una pista seca y algún rayo de sol. En la recta de meta, el previo paso a la célebre subida ciega de Eau Rouge, llovía a cántaros. Los coches, efectivamente, calzados con neumáticos de seco, llegaron a la curva número uno y se deslizaron hacia la gravilla como bolos cayendo en fila de a uno.
Es el sello de Spa, la fascinación que provoca en las gentes de la fórmula 1. Un circuito singular que altera estrategias y nervios jugando con la meteorología.
Las principales escuderías de fórmula 1 emplean radares de última generación para ganar tiempo al tiempo. Gracias a las predicciones por anticipado, configuran los coches y cambian su comportamiento.
Zonas con agua
Ferrari tiene euros y medios de sobra para atinar con el clima futuro, pero no tanto como para averiguar en qué zona del circuito de Spa caerá el agua y en cuál no.
Sucedió ayer que Fernando Alonso preparó, de acuerdo con su ingeniero Andrea Stella, un coche para la navegación. Ferrari consideró que llovería el sábado y también el domingo y salió a pista con mucha carga aerodinámica (menos velocidad en las rectas y más estabilidad en las curvas). Como no llovió todo lo que se esperaba y el tiempo, aquí, es efectivamente variable, el F10 de Alonso naufragó a la hora de clasificarse. Séptimo, octavo y décimo en las tres rondas, lejos de la cabeza.
En Ferrari se instaló la inquietud. «Ha sido una lotería», dijo Domenicali, el jefe. «El tiempo es impredecible», ratificó Chris Dyer, su mano derecha. «Una sesión complicada», confirmó Massa. «Calma, todo puede cambiar mañana [por este domingo]», frenó Alonso inesperadamente.
Mientras los radares toman la palabra, los Red Bull no fallan. Ni agua, ni sol ni circuito que se les resista. Webber apuntaló sus aspiraciones de ganar el Mundial con otra pole, la duodécima de trece posibles.