Lorenzo estrena su corona sin poder dar alcance a Stoner

J. P. M. PHILLIP ISLAND/COLPISA.

DEPORTES

18 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Casey Stoner se sabe los pasos de memoria cuando corre en Phillip Island. No necesita pareja que le acompañe para entonar el baile de la victoria, ni para bailar al resto de sus rivales. En su casa manda él, y ayer lo demostró. El aussie se marcó un solo desde la primera vuelta que le sirvió para conseguir su cuarta victoria en el Gran Premio de Australia. Lorenzo intentó seguirle pero tuvo que conformarse con la segunda plaza. «Va como un diablo», fue el veredicto del mallorquín. Mientras que Rossi volvió a saldar a su favor un cuerpo a cuerpo en las últimas vueltas. Esta vez con Hayden. Salió victorioso y propició ver una imagen en el podio bastante insólita. Solo en tres ocasiones tres campeones del mundo han pisado a la vez los escalones para la gloria. Dos en el circuito australiano.

Tras marcar la pole , el piloto de Ducati dejó claras sus intenciones. Sin Pedrosa en pista, con el balear sin presión y con Rossi partiendo desde la octava plaza tras pelearse con su Yamaha durante todo el fin de semana, el resultado no era difícil de intuir. Lo que pocos se esperaban es que el monólogo fuera tan descarado. Porque le bastaron siete curvas para ponerse en la cabeza y comenzar a tirar como un condenado sin que nadie pudiera plantarle cara.

Fue la carrera soñada por él. Ante su público y su familia. No había quien le parara. Lorenzo hizo un amago, pero enseguida se dio cuenta que si arriesgaba en exceso podía romper la regularidad mostrada esta temporada e irse al suelos, y se conformó con pisar el cajón otra vez.

Otra historia fue la de Rossi. Le tocó remontar y superar los dolores de cabeza por la falta de velocidad a la salida de las curvas que le planteó su Yamaha. Así vio como los dos primeros se le escapaban, pero quedaba la tercera plaza y peleó por ella con Hayden. A falta de tres giros el estadounidense le superó, pero al italiano le gusta hablar el último. Y su respuesta llegó en la última vuelta. Vio hueco y se metió. Tras la invasión del circuito por parte de los aficionados, Stoner animó a los suyos para que cantaran el himno desde lo más alto.