Y una remontada con final amargo

M.?F. REDACCIÓN/LA VOZ.

DEPORTES

Domenicali había asegurado que si el F10 iba mal en Monza se centrarían en el desarrollo del coche del 2011 y el bicampeón inició su racha en Italia

15 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Cuando el Mundial parecía cosa de Red Bull y McLaren, Fernando Alonso pedía fe. Paciencia. Llegó al Gran Premio de Italia, territorio Ferrari, en una decepcionante cuarta posición del Mundial, con Lewis Hamilton al frente de la clasificación. Y sobre la escudería italiana planeaban muchas dudas. «Si nos va mal en Monza, nos volcaremos definitivamente en el coche del 2011», aseguró Stefano Domenicali, jefe de equipo. En Maranello recordaban el aciago 2009, cuando decidieron abandonar el desarrollo del monoplaza y preparar la siguiente temporada.

Precisamente Monza fue la primera piedra de la gran remontada del asturiano. Brillar en casa era una obligación. Y allí el español venció ante los tifosi de Ferrari. Primero arrebató la pole a los intocables Red Bull. Después, perdió el primer puesto en la salida con Jenson Button. Pero la recuperó en los boxes, gracias a una supersónica parada que ayudó a elevar el orgullo de su equipo. En su regreso a pista se mantuvo en paralelo con Button y no cedió. Alonso había regresado.

Singapur

En el Gran Premio de Singapur el bicampeón confirmó su tendencia ascendente. Parecía un trazado propicio para que Sebastian Vettel y Mark Webber volvieran a imponer la superioridad de su coche. Cuestión de ventaja en la aerodinámica. Pero Alonso partió desde el primer puesto de la parrilla y soportó después la presión de Vettel durante más de treinta vueltas. El alemán no pudo con el español y el F10 volvió a mostrarse extremadamente sólido. Gracias aquel triunfo el asturiano se colocó segundo, a 11 puntos de Webber, que ocupaba el liderato. El título ya no era una simple utopía.

Pero la siguiente cita fue Suzuka. El trazado japonés es el circuito soñado por Red Bull. En las curvas de la pista nipona la aerodinámica es esencial y el dibujo de Adrian Newey gana enteros frente a todos sus rivales. Alonso se limitó a reducir daños frente al dominio de los monoplazas de la escudería energética, que manejaron la prueba a su antojo. Fue tercero por detrás de Vettel y Webber.

Corea se presentaba como la gran incógnita del campeonato. Un circuito que se estrenaba en el Mundial y que había sido acabado a contrarreloj. En la jornada de la carrera llovió abundantemente. Y las deficiencias de la pista no facilitaban precisamente el drenaje. La salida se retrasó una hora y fue comandada por el coche de seguridad. Después, los pilotos se dedicaron a navegar en una carrera emocionante y repleta de incidentes. Red Bull se llevó la peor parte. Webber abandonó tras un accidente provocado por un error propio y Vettel rompió el motor. Alonso se mantuvo frío, no cometió fallos y consiguió el máximo premio: 25 puntos que lo situaban al frente de la clasificación a falta de dos pruebas.

En Interlagos volvió a subir al podio. No tuvo opción de perseguir a los Red Bull después de ser adelantar a Hamilton y de ser bloqueado por Hülkenberg en la primera parte de la carrera. El tercer puesto le permitió mantenerse en cabeza, pero con Webber a solo 8 puntos y con Vettel a 15.

Abu Dabi es el gran borrón en esta remontada. La calificación fue dominada por Vettel. Pero dejaba a Alonso tercero, con ventaja sobre Webber, quinto. Si las posiciones de la parrilla se repetían después en la carrera, el español sería campeón. Pero Ferrari, tan sólido en el último tramo del Mundial, descarriló en la cita definitiva. Y empañó totalmente un final de temporada brillante.