Buen tiempo y muchos candidatos al título animan el Masters, esta vez una auténtica mezcla de pasado, presente y futuro. Con lo que han complicado el campo de Augusta, al alargarlo tanto en los últimos años, cuando sopla el viento resulta demasiado difícil. Mickelson llega bien a la defensa del título, tras ganar la semana pasada, y le tiene tomada la medida al torneo. Cumple dos premisas en este major: es preciso con los segundos golpes y seguro en el green. En cambio, creo que no volverá ya un dominio tan claro como el de Tiger Woods en otros tiempos. Los rivales le han perdido el miedo y eso hace los grandes torneos mucho más abiertos. Creo en el triunfo de un jugador europeo, con Martin Kaymer a la cabeza, un competidor para las grandes ocasiones.
Además, no podemos descartar a golfistas como Goosen, Els o alguno de los jóvenes. Entre los nuestros vuelve Chema Olazábal, doble ganador de la chaqueta verde, un especialista en Augusta. Está lejos de su mejor forma y es difícil que dispute el título. Si pasa el corte se puede considerar un buen resultado.
Jiménez cuenta para estar entre los diez o quince mejores. Tiene toque y pega bien los hierros, pero el campo se le hace demasiado largo para disputar el título.
Nuestras bazas se centran en otros. Álvaro Quirós es capaz de cualquier cosa. Aunque en Augusta hay que matizar un par de detalles. Él es muy potente y un gran pateador, pero quizá le falten tiros medios cortos, segundos golpes a green desde 160 metros. En el Masters los greens son amplios, pero las plataformas donde están las banderas resultan muy pequeñas. Eso exige precisión en los hierros, y en esa faceta tiene margen de mejora.
Sergio García ha aprendido a tener paciencia en el campo, a conocerse mejor y a saber más de la profesión. Ha vuelto a empezar desde abajo tras su bache tan fuerte de hace unos meses. Tiene el juego necesario y solo debe recordar que los grandes no se ganan el primer día, sino el último.