Al Dépor le faltó la presión y la autoridad que mostró en Córdoba
28 oct 2011 . Actualizado a las 16:34 h.Cartagonova también es la Segunda División. Otra versión de Alcoy o Alcorcón, pero Segunda al fin. Un equipo necesitado, un presidente impaciente y un campo infame. Terreno abonado para el sufrimiento, ajeno y propio. Eso debió de pensar José Luis Oltra, que por primera vez en la temporada en la Liga prescindió de Valerón en el once inicial. Lo anunció el día antes, cuando, una vez más, dejó a Zé Castro en A Crouña para dar cobijo a Bodipo; lo había puesto en duda el martes, cuando aseguró que Valerón estaba en condiciones de jugar tres partidos en ocho días. El grancanario no fue titular ayer y el portugués vio el partido por televisión. Finalmente, a Valerón le tocó el papel de revulsivo, en una posición, eso sí, bastante más retrasada de su hábitat natural.
Menos presión
José Luis Oltra tenía un plan, pero o bien se rompió por un rival que no concedió tantas contras como el Córdoba cinco días atrás o porque su equipo no supo interpretarlo. Para empezar, el Deportivo no buscó a su rival como en el Arcángel. Pese a que en esas situaciones, el mal estado del terreno puede ser un aliado, le dejó tocar atrás con ciertas tranquilidad. Tampoco Riki fue el de cinco días antes; no mezcló bien con Lassad ni encontró los espacios abiertos en los que más luce.
Un rival propicio
El Cartagena era un flan, un rival tan necesitado que debería estar atenazado por el nombre del Deportivo, pero el equipo coruñés no acertó a sacar provecho de un conjunto necesitado. Fue incapaz de gobernar el partido en la primera parte, de generar otro peligro que no fuera al abrigo de un saque de esquina o por el pánico que provoca Salomão. El Dépor del primer tiempo fue una sombra, un conjunto sin aplomo para gobernar el partido, y encontró su castigo -¿excesivo?- en el gol de Collantes.
Reacción final
Tiene motivos para maldecir su infortunio Oltra. Su equipo encajó un par de goles psicológicos -ambos, muy por encima de la categoría del encuentro-, se rompe Salomao, a Guardado le pasa factura tanto viaje y tantos minutos y su equipo llega tarde al partido. Fue lo mejor del Dépor, la intención de, por fin, ir a por el partido. Creyó Saúl y ordenó Valerón, pero al equipo coruñés le sobró corazón y le faltó calma. Ahora, el problema, al margen de los daños colaterales del viaje a Cartagena, es que está a expensas de un nuevo error, de un tropiezo que amplíe la sima que comienza a abrirse con la cabeza de la clasificación.