Las consecuencias de entregarse a Mourinho

josé m. fernández REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

El Madrid deteriora su imagen por el comportamiento del técnico y la inacción del presidente

23 ene 2012 . Actualizado a las 18:10 h.

El Real Madrid se ha entregado definitivamente a José Mourinho. Y ahora le toca asumir las consecuencias de que Florentino Pérez haya entronizado al técnico portugués como el nuevo depositario de las esencias del madridismo, de una institución cuyo prestigio tardará años en restituirse tras el paso del «huracán Mou». Los últimos episodios -cómo no- tienen que ver con la herida que ha producido el nuevo tropiezo frente al Barcelona. Las esperpénticas disculpas de Pepe tras el pisotón a Messi, la defensa que Mourinho realizó de su compatriota y de algunos de sus jugadores de cámara -Cristiano, Carvalho, Altintop o el propio Pepe- y las veladas acusaciones al clan español amenazan con quebrar el vestuario de una institución a cuyo deterioro contribuye la inacción de un presidente parapetado en las espaldas de Mou. Nunca el Madrid había sido recibido con tanta hostilidad como desde que Florentino Pérez lo preside. Ni él ni Mourinho saben encontrar los motivos.

La fractura

Por un lado, los españoles; por el otro, el «clan de Mendes»

El diario deportivo Marca, nada sospechoso de querer hurgar en las heridas blancas, destapaba ayer las tensiones que se desataron tras la derrota frente al Barcelona. Mourinho se quejó de las declaraciones de Sergio Ramos, según las cuales se atrevió a cuestionar su sistema contra el equipo de Guardiola, y señaló al grupo de españoles como «protegidos de la prensa». Una fractura de cuya existencia el diario El País se ha hecho eco en varias ocasiones desde el desembarco de Mourinho.

Ramos y Casillas, al que el técnico aludió directamente, respondieron a Mourinho, primero defendiendo su papel en el gol de Puyol -el tercero que el Madrid recibía a balón parado en dos partidos- y apelando a la prohibición de comparecer ante la prensa. No es la primera vez que Casillas y Ramos mantienen diferencias con Mourinho, a quien en su día pidieron más moderación en sus manifestaciones públicas y ahora acusan de tomar partido por valdano.

«O él o yo».

Casi doce mes le costó al entrenador portugués ajustar cuentas con Jorge Valdano. El matrimonio de convenencia entre ambos finalizó de forma abrupta después de que Florentino Pérez destituyera a su director general, al hombre que ponía la cara en público por la institución. Poco a poco, Mourinho socavó la autoridad del director general, primero ninguneando sus declaraciones y apartándolo de la política de fichajes y, después, de la portavocía del club, además de impedirle viajar con el equipo o desautorizarle ante los jugadores, a los que en cierta ocasión se dirigió con la frase: «O él o yo». Cedió Florentino a las presiones del portugués e incluso, ante un grupo de socios, lo puso como ejemplo de la encarnación de los valores del Madrid.

El problema

Un Barça superior

En Mourinho creyó ver Florentino Pérez el único antídoto contra la superioridad del Barcelona. A falta de clausurarse su segunda temporada, el balance es desolador: cinco derrotas, tres empates y una victoria, en la prórroga de la Copa del Rey. Atrás ha dejado un rastro de enfrentamientos que poco tienen que ver con lo que sucede sobre el césped. Mourinho acusó a algunos técnicos de alfombrar el camino al Barça, al reservar a sus mejores jugadores en el Camp Nou; puso en su punto de mira a los colegiados -«me gustaría acabar un partido con el Barça once contra once»- y crítico los horarios. El paroxismo llegó a su máximo nivel con motivo de los cuatro enfrentamientos casi consecutivos con el equipo de Guardiola, sobre todo al cuestionar la Champions que el equipo culé ganó en el 2009.

Ausencia

El presidente, desaparecido

Por concesión de Florentino Pérez, Mourinho maneja toda la parcela deportiva, pero su poder no es ajeno a la no comparecencia pública de los jugadores ni a los entrenamientos a puerta cerrada. Nada se escapa a su control, ni lo que sucede en Valdebebas ni todo lo que se dice. La pasada temporada recriminó a Casillas que pidiera perdón a Xavi tras el partido de vuelta de la Champions, pero a él se le atribuye la pantomima de las supuestas disculpas de Pepe. Ahora, lleva varios días buscando al autor de la filtración de la lesión de Di María. Demasiados frentes para un entrenador, aunque cuente con el beneplácito de un presidente, Florentino Pérez, bajo cuyo segundo mandato el Madrid se ha gastado 387 millones de euros. Un despilfarro para conquistar una Copa. A costa de una pérdida de prestigio institucional que tardará lustros en recuperarse.