Reconocíamos ayer que hablar del Celta-Dépor resultaba madrugador, pues falta más de mes y medio. Será un gran día, sobre todo para el vencedor, tal como resultó en la primera vuelta con el Deportivo (2-1) con aquel gol que Lassad no olvidará fácilmente. Ni lo olvidará el tunecino ni los entusiastas seguidores deportivistas a los que, en aquella tarde-noche en Riazor, pareció que se les había ido la luz con el gol, visto y no visto, de Orellana. Todo pertenece al pasado, pero el lector conoce la debilidad de los mayores cuando toca hablar de fútbol. Y hoy corresponde el inmediato partido que el Dépor jugará en Sabadell mañana.
¿Y qué se puede decir de este encuentro ante un adversario cuyos partidos ligueros quedan más lejos que cerca en el recuerdo de los viejos blanquiazules? El Sabadell tuvo un sitio, hace años, entre los rivales del Deportivo. Tendríamos que remontarnos medio siglo y situarnos en los tiempos de Veloso y Amancio, con Pampols o Emery en la meta, para revivir partidos en los que el equipo catalán era un cualificado rival para un Deportivo que desde entonces subió como la espuma y, tras bajar, intenta volver a ese lugar en el que estuvo. Desde entonces, ambos se vieron esporádicamente, pero sin que los arlequinados volvieran a tener la entidad de aquellos duelos. Verdad que eran otros tiempos, pero sigue en vigor aquello de que en fútbol no hay enemigo pequeño.