Montecarlo tiene la final soñada

Dpa

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Nadal se impuso a Simon con solvencia y Djokovic a Berdych con más problemas de los previstos

21 abr 2012 . Actualizado a las 20:50 h.

Montecarlo tendrá mañana la final soñada, un nuevo duelo entre el serbio Novak Djokovic y el español Rafael Nadal, los dos mejores tenistas del planeta.

Nadal se impuso hoy al francés Gilles Simon por 6-3 y 6-3 en menos de dos horas después de que Djokovic batiera al checo Tomas Berdych 4-6, 6-3 y 6-2.

El serbio batió a Nadal en las últimas siete finales que lo enfrentó, la más reciente a fines de enero, en el Abierto de Australia, pero no se considera favorito para mañana.

«Medirse a Nadal es el máximo desafío en esta superficie»

«Medirse a Nadal es el máximo desafío en esta superficie, él es el mejor de la historia en arcilla», dijo el serbio sobre el español, campeón de las últimas siete ediciones del torneo, en el que lleva 41 victorias y sólo una derrota, ante el argentino Guillermo Coria en los octavos de final de 2003.

«Este público es fantástico, siempre un placer jugar aquí», aseguró Nadal en el final de la fresca tarde de sábado en el Monte Carlo Country Club tras derrotar a Simon por quinta vez en seis encuentros.

Fue un día de primavera sumamente ventoso en la Costa Azul francesa.

«El de hoy fue uno de los partidos más duros», dijo Djokovic. «No sólo por el rival, también por las condiciones de juego. Fue un partido feo, el viento cambiaba de dirección todo el tiempo».

Pero cuando el viento soplaba menos y el juego de Berdych funcionó, el checo fue, durante una hora, el mejor tenista del mundo.

Sus golpes eran sablazos que dejaban huella en el rectángulo naranja del Monte Carlo Country Club, en el alma de su rival y en las palmas de los espectadores, enrojecidas de tanto aplaudir.

Secos reveses paralelos, planas derechas cruzadas y servicio demoledor: Berdych era una delicia de tenista. Sólo Djokovic, que comenzó ganando 4-2 y entregó cuatro juegos consecutivos, sufría con lo que el checo ofrecía.

Pero Berdych es el número siete del mundo por una razón clave: le cuesta mucho mantener a lo largo de todo un partido ese gran nivel que mostró en el primer set de hoy. Y si a eso se le suma que el viento del Mediterráneo creció en intensidad y comenzó a complicar su servicio -el checo lanza la pelota muy alta-, se entiende que el tenis de Berdych comenzara a caer.

«Quizás el viento me ayudó un poco a mí -reconoció Djokovic-, porque él tira la pelota muy alto. Pero yo tampoco saqué muy bien, fue más un asunto de quién estaba mejor ubicado y tenía más suerte».

Al otro lado de la red, además, Berdych veía al que sí es el mejor jugador del mundo, un hombre que no sabe aún lo que es ser campeón en Montecarlo, la ciudad en la que vive cuando no está en el circuito.

Paciente y astuto, Djokovic ajustó su juego y aprovechó las inconsistencias del rival, enloquecido ya por los remolinos que se formaban en la cancha, hasta convertir el duelo en un enfrentamiento desigual y bastante menos atractivo que en el inicio.

Así, Djokovic llega a la final de Montecarlo por primera vez desde 2009, y lo hace en una semana especial, ya que el jueves se enteró en pleno entrenamiento de la muerte de su abuelo.

«No sabía, dadas las circunstancias, hasta dónde podía llegar esta semana, pero estoy en la final», dijo Djokovic tras la batalla de dos horas y 45 minutos.

El de hoy fue el noveno triunfo de Djokovic en diez partidos con Berdych, que perdió 13 de las 15 veces que se enfrentó a un número uno. Es, además, la final número 45 de la carrera del serbio y la undécima sobre arcilla. Djokovic saldrá mañana a buscar su trigésimo primer título, el duodécimo en la categoría Masters 1000.