Cuantificar el éxito o el fracaso del atletismo español en Helsinki por las cuatro medallas alcanzadas (el oro de Beitia en altura, la plata de Méliz y los bronces de Víctor García en obstáculos y Bustos en el 1.500) suena a cuestión menor en un proceso de cambio tan necesario como imprevisible en el seno del atletismo español. También hay que tener en cuenta que por problemas de calendario faltaron los maratonianos, los marchadores y Natalia Rodríguez. Londres está a un mes vista.
La generación que llevó a España a tocar techo en el Europeo de Alemania en el año 2002 hace tiempo que ha comenzado con su ceremonia de despedida. Algunos como Manolo Martínez ya han dado el paso de la jubilación y otros como Marta Domínguez no tardarán en hacerlo.
Hace tiempo que Odriozola debía dar el paso del relevo generacional en la selección española. Dilatado tantas veces, en Helsinki se hacía imprescindible. Algunos, no muchos, vienen pidiendo paso como un puente intermedio para la generación júnior que en teoría deparará un futuro mejor a la disciplina.
No obstante, la revolución pendiente en el atletismo español todavía tendrá que esperar hasta mediados de agosto. Ni el incombustible Bragado llegará a la era pos Juegos.