Helenio Herrera decía que el fútbol es tan traicionero que, en ocasiones, engaña en los partidos que ganas. «Un triunfo de tu equipo -señalaba H. H.- puede ser fruto de la casualidad, con un gol marcado por un contrario en su propia meta». El hecho de ganar hace creer al vencedor que su equipo superó claramente al adversario, aunque la nivelación en el juego haya sido pareja. En las tertulias del fútbol coruñés, ayer se habló mucho de las alteraciones que a los aficionados ocasionaron los cambios en horarios y días de partidos. Las aguas volverán pronto a su cauce porque no es posible jugar a las 11 de la noche como el Zaragoza-Valladolid (0-1), ni el Valencia-Deportivo del domingo próximo. Los cambios, antes que el invierno...
En este comentario de lo que se trata es resaltar dos detalles que llevan a una reflexión que nos recordó al desaparecido Helenio Herrera quien solía insistir en que todos los partidos dejan al descubierto aspectos importantes que deberán ser corregidos, y pronto, para no sufrir en la Liga.
El Osasuna que pasó por Riazor solo creó a Aranzubía un momento de peligro, a la media hora de juego, en un remate de cabeza de Llorente. Nada más, y en el «menos» está el fallo de su portero en el gol de Riki. Mendilíbar dijo a los periodistas que él salía de Riazor «contento por el partido, aunque no por el resultado». Declaraciones como estas del técnico de Pamplona, alejándose de la realidad, no hacen más que engañar a quienes no siguieron las incidencias del Deportivo-Osasuna (2-0), partido en el que no cabe discutir la superioridad del equipo coruñés. Es cierto que también necesita más, pero sumó los tres puntos.