Las doce horas de la selección española en Compostela
21 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.La selección española de baloncesto tuvo un paso fugaz por Compostela. Fueron poco más de doce horas en las que podría hacer suya la célebre frase que pronunció Julio César en el Senado tras ganar la Batalla de Zela: «Veni, vidi, vici».
El colectivo que dirige Juan Antonio Orenga, efectivamente, llegó, vio y venció. Y podría completar la expresión latina con un reliquit, porque se fue con la música a otra parte, a León, donde esta noche tiene otro duelo con Macedonia.
Hacia las 11.30 asomó el autobús por la rúa San Francisco, entre la sorpresa de buena parte de turistas y peregrinos que a esa hora ya se hacían notar en la praza do Obradoiro. Muchos aprovecharon para intentar retratar la inesperada coincidencia. Otros tenían claras sus prioridades, como le indicaba una joven a su compañero: «No he hecho 750 kilómetros para que la foto sea otra».
También había a quien le sonaba alguna de las caras. Una señora que podría haber visto a la selección en su anterior presencia en Compostela, treinta años atrás, comentaba a su grupo: «Sí, ese, el más alto, el es el hermano del otro». Marc Gasol, a unos metros, en la escalinata de Raxoi, no llegó a oír tan singular reconocimiento.
Por supuesto, no faltaba el que se las da de listo: «Claro. Están preparando el Mundial y seguro que por eso han venido».
En apenas media hora, la selección demostró por qué cae bien, además de por el brillante palmarés de resultados de los tres últimos lustros. Los jugadores, sin perder el respeto por el protocolo, fueron atendiendo alguna que otra petición de fotos y autógrafos, siempre con gesto amable.
La ofrenda floral en memoria de las víctimas del accidente ferroviario de Angrois resultó de lo más sencilla, sin discursos ni boato. Y dio paso al tradicional abrazo al apóstol.
Al buen ojo de Álvaro Ballesteros no le pasó inadvertido el extraordinario parecido físico de Sergio Rodríguez con el Apóstol Santiago. Misma barba, mismo pelo, misma expresión. Con casulla y aureola serían casi simétricos.
En Sar faltó la chispa
Ya en el Multiusos de Sar, la imagen fue la de un lleno, pero sin el embrujo de las grandes citas de la Liga Endesa. Empezando porque el público tampoco era exactamente el mismo. Ni las ubicaciones. No estaban las peñas y a los abonados les tocó cambiar de sitio. Sonaba incluso raro identificar a Moncho Fernández en la grada y no en el banquillo.
Para más inri, el choque arrancó con media hora de retraso porque fue necesario cambiar un tablero. Rompió el cristal durante el calentamiento de Macedonia. Y ya con el balón en juego, lo cierto es que el partido no terminó de enganchar. Eso sí, cuando las cosas se pusieron feas, en el último cuarto, en el momento en que Macedonia equilibró el marcador, la grada tiró del equipo.
La sombra de Corbacho sobrevoló sin chirriar: una tímida pitada a Juan Antonio Orenga y más de un cántico durante el partido para recordar al alero del Obradoiro. Quien más colaboró al eco fue Llull. La afición mostró su afecto al 33 del Obradoiro sin necesidad de afear la fiesta.