Las premoniciones generalmente se basan en cuestiones poco serias y de rigor escaso, aunque en ocasiones tiendan a cumplirse. Esa sensación que activa nuestro sexto sentido de que algo va a pasar, en la mayoría de los casos con connotaciones más negativas que positivas. No confundir con el tan lucense «iso xa o dicía eu» o el no menos clásico «era visto», utilizados de modo repetitivo en todo tipo de circunstancias. La derrota de anteayer contra el Castilla bien podría incluirse dentro de las premonitorias. Reunió gran parte de los ingredientes que dan pistas para prever un acontecimiento: semana de euforia colectiva en la ciudad debido al puesto de play off, enfrentarse al colista que no había sumado tan siquiera un punto y un nivel de juego más que brillante. Todas estas cuestiones influyeron en la intensidad del equipo. Se echó mucho en falta ese ansia por recuperar el balón nada más perderlo, esa presión asfixiante que maniata a los rivales en la zona de creación. Y eso ante un oponente como el Castilla, con jugadores tan habilidosos y veloces que aprovechan extraordinariamente los errores del contrario para ganar fácilmente la espalda, se acaba pagando. Los partidos de ida y vuelta suponen el peor de los escenarios para el conjunto lucense. Desafortunadamente, los aficionados que se desplazaron a Madrid en plenas fiestas patronales comprobaron cómo existe una especie de maleficio cada vez que toca visitar Valdebebas. Los antecedentes añadían otro ingrediente más para terminar de cocinar el premonitorio resultado. Solo queda reponerse de cara al próximo encuentro contra el Córdoba y poner el broche de oro a las fiestas de San Froilán con un triunfo ante los andaluces.