Un terreno que nunca deja espacio para el descanso

redacción / La voz

DEPORTES

25 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Si una cosa tiene Galicia es que dispone de una infinidad de rincones donde la carrera se puede volver picante. Es lo que le gusta a Unipublic. Pequeñas ratoneras que si bien, tal vez no decidan la Vuelta, sí obligarán a los favoritos a no tener un momento de respiro y al espectador siempre pendiente de lo que suceda. «Galicia es un terreno que nunca deja un segundo para el descanso. Siempre hay que estar atento, porque algo puede ocurrir. El viento cerca del mar, un repecho en el que te quedas cortado, hay que apretar los dientes hasta el último metro», así definía Eusebio Unzúe, el máximo responsable del Movistar de Alejandro Valverde, este verano lo que iban a tener que padecer los corredores en las primeras cuatro etapas de la ronda españolas. Él, una de las voces más experimentadas del pelotón internacional, sabe mejor que nadie la munición de la que goza la comunidad para agitar a la serpiente multicolor.

El propósito de Unipublic parece ser terminar con la siesta de verano de la audiencia antes de una soporífera llegada al esprint. Semeja que las etapas de transición tienen los días contados y para ejecutar este ambicioso plan Galicia es un gran aliado.

Rampas cortas y delirantes

En el asfalto gallego no abundan los puertos largos con pendientes pronunciadas y sostenidas. Estos itinerarios de alta montaña son más propios de las grandes cordilleras. Pero sí que está repleto de pinceladas para la exhibición de los hombres fuertes. Al doblar cada esquina se encuentra un trozo de alquitrán que conduce de forma abrupta a una pequeña cumbre. Apenas dos o tres kilómetros con rampas demoledoras. De esas en las que cualquier desarrollo es excesivo y en las que da la impresión de que alguno echará pie a tierra. Espacio abonado para la épica. Para las epopeyas que tango gustan a los aficionados a un deporte al que jamás han abandonado, pese al daño que le han hecho todos sus escándalos.

Galicia, en cierto modo para el gran público ciclista, todavía está por descubrir. Solo se conoce una pequeña parte de todo lo que puede ofrecer. Como el fin del mundo, guarda el punto más septentrional de la península Ibérica, uno de los acantilados más altos de Europa o una catedral hacia la que peregrina gente desde todo el mundo.

Se respira historia con mayúsculas, mar y montaña a partes iguales, y eso, aderezado con buenas ideas, es un filón para mostrar algo diferente de lo que presumen el Tour o el Giro, los principales competidores de la Vuelta. En el futuro inmediato de la ronda española, la comunidad está llamada a ocupar un papel protagonista y eso, sin duda, es bueno para que la cantera gallega vuelva a florecer.